Lunes, 3 de febrero de 2014

Lunes, 3 de febrero de 2014

Memoria libre de San Blas

San Blas, obispo y mártir, que, por ser cristiano, en tiempo del emperador Licinio padeció el martirio en la ciudad de Sebaste, en la antigua Armenia, hoy Turquía (Martirologio Romano).

Memoria libre de San Óscar

San Óscar o Ansgario, obispo de Hamburgo y después también de Brema, en Salonias, actual Alemania, que, siendo monje del monasterio de Corbie, fue designado por el papa Gregorio IV como legado para todas las tierras del norte de Europa. Anunció el Evangelio a grandes multitudes de Dinamarca y Suecia, consolidó allí la Iglesia de Cristo y, después de superar con ánimo invicto muchas dificultades, desgastado por sus trabajos murió en Brema (Martirologio Romano).

Preguntas y respuestas

¿Qué se entiende por “vida oculta” de Jesús?

La vida de Cristo fue de treinta y tres años. De los cuatro evangelistas, sólo san Mateo y san Lucas hacen referencia a la infancia de Jesús. No se sabe cuánto tiempo estuvo Jesús en tierras egipcias, pero por los datos de la historia se tiene conocimiento de que Herodes sólo vivió dos o tres años más después del nacimiento de Cristo. Y de aquí se deduce que la estancia del Señor en Egipto fue corta, quizá no llegó ni siquiera a un par de años. Desde que volvió de Egipto hasta el comienzo de su ministerio público, los Evangelios no dicen nada de la vida de Cristo, excepto el episodio del niño Jesús perdido y hallado en el templo de Jerusalén. Este suceso ocurrió cuando Jesús tenía doce años. Pues bien, se entiende por vida oculta del Señor esos años que pasó en Nazaret y de los cuales los evangelistas no dicen nada.

Por tanto, esos años de Nazaret no son importantes… Es como si ese largo tiempo fueran unos años “desperdiciados”.

Te equivocas. Toda la vida de Cristo tiene un valor redentor. Quizás esos años de la vida de Jesús en Nazaret parezcan sin brillo humano, años de sombra, o una simple preparación para su ministerio público; pero no es así: Cristo estaba realizando la redención del hombre mediante su amor y obediencia presentes en cada una de sus obras que ofrecía al Padre por todos los hombres. Esos años tenían un fin en sí mismos. Jesucristo, cuando trabajaba en el taller de Nazaret ya nos estaba salvando. Su trabajo era trabajo de Dios; sus obras, obras de Dios. Así nos mostró que el trabajo humano es medio de santidad, y que para Dios no hay tareas de mayor o menor importancia. El trabajo que más vale es el que se realiza con más amor a Dios.

El papa Pablo VI, cuando estuvo en Nazaret el 5 de enero de 1964, dijo en su discurso: Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. (…) Se nos ofrece una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función social. (…) Aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo, que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.   

 

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