Sábado, 15 de febrero de 2014

Sábado, 15 de febrero de 2014

Sábado del Tiempo Ordinario

Efemérides

El día 15 de febrero de 1775, el cardenal Braschi es elegido papa. El pontificado de Pío VI será uno de los más largos de la historia, pero también tremendamente dramático. Murió en el destierro.

El día 15 de febrero de 1798 las tropas napoleónicas, atropellando  los derechos del Romano Pontífice, proclamaron la República Romana, de marcado carácter antirreligioso. A Pío VI, anciano de ochenta años, se le dio el título de ciudadano francés. Cuando el general Carvoni -al notificar oficialmente al Papa que quedaba despojado del poder temporal- ofreció a Pío VI la escarapela tricolor haciéndole ver que ya era un ciudadano más de la República Francesa, el Sumo Pontífice contestó con gran  dignidad: No conozco ni admito ningún otro uniforme sino aquél con que la Iglesia me ha honrado. Y rogó: Pido con instancia que la religión católica sea respetada, y que no se derrame la sangre de los que me han servido fielmente.

El Papa se mantuvo firme en que no podía renunciar a los derechos de la Santa Sede. El 20 de febrero se obligó al Pontífice a salir de Roma, aunque el anciano había suplicado se le dejase morir en la Ciudad Eterna. La respuesta a su súplica fue que en cualquier lugar se podía morir. Antes de salir de Roma, camino de su cautiverio, Pío VI escribió a los obispos: Dios ha querido, vosotros lo sabéis, que la Iglesia debiera su nacimiento a la Cruz y al sufrimiento, su gloria a la ignominia, sus luces a las tinieblas del error, sus progresos a los ataques de sus enemigos, sus fuerzas a las privaciones y a la adversidad. Por eso su esplendor no ha sido nunca tan puro como cuando los hombres hicieron esfuerzo para ensombrecerlo; pues, “como el oro es probado en el fuego”, así los amigos de Dios son probados en la tribulación.

Pío VI murió en la noche del 28 al 29 de agosto de 1799 en Valence (Francia). Muchos pensaron en el fin del Papado y que la Iglesia había muerto al morir el Papa, su cabeza, en el destierro. Goethe dijo: La Iglesia Católica ha pasado a la historia como una ruina ilustre. En términos parecidos se expresó Napoleón que, al conocer la noticia, escribió: La vieja máquina de la Iglesia se deshará por sí sola.

Muchos creyeron que Papado había terminado y hasta llegaron a decir que había muerto el sexto de los Píos y el último de los Papas. Y con el Papado se había hundido la Iglesia: Sin el Papa ya no hay cristianismo, y el orden social está irremediablemente herido en su corazón. Pero las palabras de Cristo se cumplieron una vez más: Las puertas  del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18).

Fue una lástima que Goethe viviera antes que el converso Chesterton, pues en caso contrario podría haber leído lo que escribió el escritor inglés: En Heliópolis reinaba un faraón que se consideraba todopoderoso: el amo del mundo. Pero una tarde, un mendigo se le acercó y le dijo: “Dame todo lo que tienes: tus ropas, tus banquetes, tu opulencia…” El faraón soltó una carcajada: “Encerrad a este loco, dadle muerte en la prisión…”

El pordiosero alzó su frente: “Yo soy más fuerte que tú. Yo soy el tiempo”. El mendigo recorrió la tierra: Babilonia, Nínive, Atenas, Cartago… Y en todas partes repetía su estribillo demoledor: “Soy más fuerte que tú. Soy el tiempo”.

Una mañana, desde la plaza de San Pedro, subió hasta el Vaticano. Pero allí, le salió al encuentro un anciano vestido de sotana blanca, amable, sonriente: “Bienvenido, tiempo. Yo soy más fuerte que tú. Yo soy  la eternidad”.

Pío VI, antes de recibir el Santo Viático, pidió a Dios que restituyese a Roma la cátedra de San Pedro, y a Francia la religión, la prosperidad y la paz. Monseñor Spino le preguntó si perdonaba a sus enemigos: De todo corazón, contesto el moribundo Pontífice.

Murió con una honda preocupación por la Iglesia, como se refleja en la respuesta que dio al embajador español, don Pedro Labrador, en una de las visitas que hacía éste al Papa, en el destierro, cuando el diplomático le comentó que la época más notable de su pontificado sería, sin duda, la de su cautiverio: Sea en buena hora; pero lo que nos aflige en extremo es ver dispersados y perseguidos a los cardenales. ¿Qué será de la Iglesia de Dios que tan destrozada y agitada hemos dejado?

 

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Una respuesta a “Sábado, 15 de febrero de 2014

  1. Me gusta mucho si blog pero quisiera saber información del autor, donde puedo encontrar esta información?

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