Homilía del Viernes Santo (Ciclo A)

VIERNES SANTO (A)

Lecturas: Is 52, 13 – 53, 12; Hb 4, 14-16; 5, 5-9; Jn 18, 1 – 19, 42

La muerte ha sido vencida. La llamada teología de la muerte de Dios viene a decir que el hombre ha llegado a una madurez tal que ya no necesita de Dios; el hombre parece llamado a vivir sin apoyarse en Dios. Y cuando Dios no es necesario es como si hubiera muerto. Esta teología disparatada ha dado paso a la secularización, entendida ésta como una comprensión atea del mundo y de la sociedad. Hoy día, vemos como hay quienes viven como si Dios no existiera, han marginado de sus vidas a Dios.

Hoy contemplamos la muerte de Dios encarnado, Jesucristo. Jesús muere en la Cruz. La muerte del Señor ha tenido una influencia decisiva en la historia de la humanidad. A través de ella, Cristo venció a la misma muerte y nos dio vida, nos trajo la salvación. Las puertas del Cielo, que quedaron cerradas tras el pecado de nuestros primeros padres, han sido abiertas por Cristo al morir crucificado.

Plenitud de amor. La muerte de Jesús es fruto de  su amor sin medida a la humanidad entera. Y amor con amor se paga. Contemplar la figura de Cristo muerto en la Cruz por nosotros, nos interpela a cada uno directamente y nos mueve a tratar de devolverle amor. Hay que revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre (Juan Pablo II). En Cristo crucificado se hace patente la plenitud del amor de Dios al hombre.

En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo (…) ayuda a comprender: Dios es amor (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar (Benedicto XVI).

Adoración de la Cruz. La parte central de la celebración litúrgica del Viernes Santo es la Adoración de la Santa Cruz. El sacerdote muestra la Cruz, el árbol donde estuvo clavada la salvación del mundo. La Cruz de Cristo es árbol que engendra vida sin ocasionar la muerte, porque en él murió es el que Vida; ilumina en medio de las tinieblas que acompañaron a la muerte de Jesús sin producir sombras, por que en él está clavada la Luz del mundo; convierte el dolor en camino de santidad, porque en él padeció el Redentor; fructifica en todos los lugares, en todas las épocas y en la vida de todo apóstol con frutos imperecederos, porque está regado por la Sangre del Dios hecho hombre; introduce en el paraíso celestial, porque es la llave de la gloria.

La Cruz es signo de un amor reconciliador que supera el sufrimiento y la muerte. Hay que entender el sentido de la Cruz, que no es otro que el sacrificio por amor. Los cristianos tenemos la obligación de testimoniar que sólo en la Cruz reside la verdadera esperanza de una renovación cristiana del mundo. Amemos la Cruz, a aceptándola como nuestra herencia y a llevándola con garbo y generosidad.

 

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2 Respuestas a “Homilía del Viernes Santo (Ciclo A)

  1. conradtheroverLourdes

    Me ha gustado conocer su página, muchas gracias. Vendría bien colocar un buscador para poder encontar una frase o término en este sitio. Blogger lo tiene, aquí seguro que se puede añadir con facilidad. Por ejemplo, para encontrar material sobre “Corpus Christi”

  2. Sí, sería bueno poder buscar por temas: por ejemplo, homilías, y que salgan por ciclos… etc.

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