Día 1 de enero

1 de enero

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne, y acampó entre los hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre. (Martirologio Romano).

*****

Maternidad divina de María

La maternidad divina es el hecho central que llena de luz la vida de María, y explica los innumerables privilegios con que Dios quiso adornarla; una verdad que los cristianos profesaron desde los orígenes de la Iglesia. Cuando Nestorio, en el primer tercio del siglo V, negó a María el título de theotocos -Madre de Dios-, todo el orbe cristiano reaccionó en defensa de la verdad católica; y el III Concilio Ecuménico reunido en Éfeso (año 431) proclamó solemnemente a María como Madre de Dios. Dos siglos y medio después el Concilio III de Constantinopla (año 681) recogió como fórmula conciliar de fe el primer anatematismo de la II Carta de san Cirilo a Nestorio: Si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que por eso la Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado, sea anatema.

Por tanto, Santa María es Madre de Dios porque de Ella nació Jesucristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre.

¿En qué sentido se dice que la Virgen María es la Madre de Dios? No en el sentido que la Virgen dé origen a la naturaleza divina del Hijo de Dios, porque esa naturaleza es eterna y anterior a Ella, sino en el sentido de que es Ella quien engendra el cuerpo de Jesús, en el que Dios infundió el alma, y a esa naturaleza humana concebida en su seno tiene como sujeto a la persona divina del Hijo o Verbo de Dios. Al ser María verdadera madre de Jesucristo es verdaderamente Madre de Dios.

*****

Efemérides

El día primero del año 1945, Monseñor Angelo Giuseppe Roncalli, nuevo nuncio en París, presenta sus cartas credenciales al general Charles de Gaulle, presidente del Gobierno provisional de Francia.

El papa Pío XII quiso que Roncalli en la recepción que Charles de Gaulle daba al Cuerpo Diplomático, como decano del mismo, pronunciara el discurso del nuevo año. El nuncio expresó los deseos por la prosperidad de Francia ya liberada, pero todavía combatiente.

Eran tiempos difíciles para cualquier nuncio. El anterior, monseñor Valeri, fue despedido de malos modos, casi a la fuerza, por haber colaborado con el Gobierno de Vichy. Francia atravesaba una complicada situación en 1945, al terminar en su territorio la guerra con Alemania. Charles de Gaulle, tras la retirada de las tropas alemanas de Francia y la victoria de los aliados, exigía la destitución de muchos obispos, acusados de colaborar con el anterior gobierno y con los alemanes. En total eran 33 los obispos comprometidos con el régimen de Vichy. La idea del nuevo nuncio era la de negociar, y su ánimo lo manifestaba a sus íntimos con estas palabras: Si le quito un cero a treinta, me sentiré satisfecho. Roncalli, con mucha paciencia y con su gran bondad, logró que el Gobierno provisional reconsiderara su decisión de retirar forzosamente a los 33 obispos. Pasado algún tiempo, sólo tres prelados perdieron su sede. Las largas y cautísimas negociaciones sirvieron también para calmar las tensiones existentes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s