Día 19 de enero

19 de enero

Efemérides

Tal día como hoy del año 1906 murió el cardenal Marcelo Spínola, arzobispo de Sevilla.

Beato Marcelo Spínola Maestre

En la ciudad de Sevilla, en España, beato Marcelo Spínola Maestre, obispo, que fundó asociaciones de trabajadores para cooperar en su desarrollo social, combatió en defensa de la verdad y de la justicia y abrió su casa a los menesterosos. (1906) (Martirologio Romano).

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Semblanza

El arzobispo mendigo

Abogado en Huelva

El 14 de enero de 1835, en San Fernando (Cádiz), nació Marcelo Spínola y Maestre. Su padre -Juan Spínola y Osorno- era oficial de Armada española y marqués de la corona. Estudió Leyes y con 21 años se licenció en Derecho en la Universidad de Sevilla. En 1856 el padre de Marcelo fue destinado a la Comandancia de Marina de Huelva y se trasladó a esta ciudad con toda su familia. Una etapa importante en la vida del futuro cardenal arzobispo de Sevilla transcurrió en Huelva. Poco después de acabar sus estudios universitarios, estrenó su carrera. En la calle Puerto de la capital del Tinto y del Odiel abrió un bufete de abogados. Prestigiado por la brillantez de sus estudios y en magníficas condiciones sociales por la posición de su familia, Marcelo Spínola no entró en batalla de tambor batiente para conquistar en pocos años un puesto de primera categoría entre los abogados de Huelva. Se puso sencillamente a trabajar en las pequeñas cosas que le vinieron a las manos.

Se dedicó a defender las causas de los que carecían de recursos económicos sin exigir honorarios. Así atendió desinteresadamente a muchos obreros no solamente de la capital onubense sino también de la provincia, donde los principales problemas estaban en el Puerto y en la mina. Esto le lleva a que la gente trabajadora comience a pasarse las señas de un abogado joven que tomaba con todo interés sus conflictos, los defendías, se interesaba por ellos y lo que tampoco estaba nada mal, que al final no les cobraba. Así se hizo persona querida y respetada en Huelva, muy especialmente por las clases desfavorecidas. Y por eso, por estar al servicio gratuito de los pobres, le llamaron “el abogado de los pobres”.

Lo mismo que encuentra en Huelva el contacto con los más desprotegidos, también llegan a él sus inquietudes espirituales. Acompañaba todos los días a su madre a la misa en la parroquia de la Purísima Concepción, con especiales visitas al sagrario, donde se encontraba al culto la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Marcelo Spínola estuvo en Huelva hasta que se trasladó a Sanlúcar de Barrameda, donde su padre el Marqués de Spínola fue destinado como Comandante de Marina. Pero la ciudad onubense volverá a tener una relación especial con Marcelo Spínola al pertenecer en aquella época a la archidiócesis hispalense y enviar a la Parroquia Mayor de San Pedro de Huelva como párroco a Manuel González García, el famoso arcipreste de Huelva, que realizó igualmente una importante labor pastoral con los más necesitados. Ambos son hoy beatos.

Vocación sacerdotal

El joven abogado Spínola, sintiendo la llamada al sacerdocio, inició los estudios eclesiásticos, y en 1863 recibió las Órdenes menores de manos del cardenal Lastra, arzobispo de Sevilla. Poco después fue ordenado de subdiácono, y el 20 de septiembre del mismo, recibió el diaconado. Al año siguiente, el 21 de mayo de 1864 es ordenado sacerdote, en Sevilla. Celebró su primera Misa en la iglesia de san Felipe Neri de la capital hispalense, el 3 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Primeros destinos

Empezó su ministerio sacerdotal siendo capellán de la iglesia de la Merced en Sanlúcar de Barrameda, así como Padre Mayor de la Hermandad de San Pedro y Pan de los Pobres, dedicada a obras benéficas, con sede en la parroquia de la Iglesia Mayor de la O. En Sanlúcar permaneció hasta que el cardenal Lastra le nombró párroco de San Lorenzo de Sevilla integrándose en las hermandades del Gran Poder y la de la Soledad, ambas residentes en la misma parroquia. Del Gran Poder llegó a ser director espiritual y Mayordomo. En San Lorenzo estuvo desde 17 de marzo de 1871 hasta el 28 de mayo de 1879, en que el arzobispo Joaquín Lluch le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

La época -el convulso período ochocentista en que desarrolló su acción pastoral- fue apasionante, cuajada de desafíos, sin embargo don Marcelo, tan ajeno a complejos victimistas como a arrogantes alardes, no se arredró jamás, y con la humilde mansedumbre aprendida en la escuela eucarística del Corazón de Cristo ejerció su ministerio sacerdotal. Él sólo aspiró a ser sacerdote de cuerpo entero. El increíble y ardoroso amor a Jesucristo, a la Iglesia y a las almas, que trasmitieron todos los hechos y escritos de don Marcelo, se manifestó en todo momento desde un ángulo gozoso, limpiamente sacerdotal.

Obispo

El papa León XIII lo nombró obispo auxiliar del arzobispo de Sevilla Lluch y Garriga, siendo consagrado en el año 1881. Posteriormente -el 10 de noviembre de 1884- fue preconizado obispo de Coria (Cáceres), sede que ocupó del 7 de marzo de 1885 al 5 de agosto de 1886. Estando en Coria fundó en 1885 la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón junto con la Sierva de Dios, Madre Celia Méndez y Delgado – antes de profesar, Marquesa de la Puebla de Obando-. Después, fue destinado a la diócesis de Málaga. En la sede malacitana estuvo diez años, del 16 de septiembre de 1886 al 8 de febrero de 1896.

La vida de Marcelo Spínola estuvo marcada por su voluntad de servicio a los demás. Cuando llegó a Málaga se encontró con una provincia que vivía un fuerte declive económico por el agotamiento de sus minas, la competencia que sufría el puerto y la plaga de xilofera que asolaba los viñedos. Una situación extrema que creó grandes bolsas de desprotegidos entre las masas más desfavorecidas. A intentar mejorar esta situación centró sus esfuerzos. Marcelo Spínola formó parte de ese reducido núcleo de católicos que a finales del siglo XIX fueron conscientes del colosal problema obrero, de la miseria y la injusticia.

En sus cartas pastorales, sus homilías y sus intervenciones públicas, Spínola cuestionó los trabajos de los obreros, denunció los horarios y las malas condiciones en las que desempeñan su labor y reclamó el descanso dominical. Al mismo tiempo, también se muestra crítico con las posturas políticas emergentes que cuestionan a la burguesía y buscan su desaparición. Un ejemplo más de su visión es que con estas acciones se adelantó a la promulgación de la encíclica de León XIII Rerum novarum, publicada en el año 1891, que establece la doctrina social de la Iglesia.

La creación de un servicio de comidas gratuitas que daba 2.000 raciones diarias, la apertura de un hogar para los “sin techo”, la restauración de un orfanato a punto de cerrar o la apertura de escuelas nocturnas y los domingos dan idea de la ingente labor social que desarrolló Spínola. Fue además un obispo que favoreció la enseñanza en dos vertientes, la congregación de las Esclavas del Divino Corazón, y la llegada de los salesianos para formar a los obreros. Su inquietud le llevó a visitar todos los pueblos de la diócesis en acción pastoral en unos tiempos con malas comunicaciones y a lomos de un mulo. Además, también acudía a la cárcel y los hospitales a consolar a los que estaban allí.

En 1891 fue nombrado senador como delegado de la provincia eclesiástica de Granada y luego con derecho propio. Cargo que ocupó hasta 1999. En sus intervenciones, con una gran oratoria, luchó, entre otros asuntos, contra los intentos de eliminar la religión de la enseñanza pública.

En la Sede hispalense

En 1896, tras la muerte del cardenal arzobispo de Sevilla Benito Sanz y Forés, fue nombrado arzobispo de Sevilla. Abandonó Málaga con gran pesadumbre de sus diocesanos. Tomó posesión de su nueva sede el 11 de febrero de 1896.

En su nuevo destino volvió a dar ejemplo de su visión de futuro y de la importancia de los medios de comunicación fundando en 1889 un periódico en Sevilla -“El Correo de Andalucía”- para defender la verdad y la justicia. Spínola participó en la acción social cristiana, en aquel tiempo difícil, de acuerdo con las directrices de la Rerum novarum: publicó pastorales, creó círculos obreros, sostuvo orfelinatos… Además, creó la Facultad de Teología de Sevilla, predicó, confesó… Se le llamó el arzobispo mendigo, pues en más de una ocasión, en momentos de gran carestía, acudió a las casa de Sevilla pidiendo limosna para los pobres.

Todo esto no fue impedimento para que él, desde su humildad, se planteara en más de una ocasión la posibilidad de renunciar al episcopado, considerándose indigno e incapaz de este ministerio. Y si no se retiró fue, entre otras cosas, por consejo del secretario de la nunciatura apostólica de Madrid, monseñor Della Chiesa, futuro Benedicto XV.

Siendo arzobispo de Sevilla volvió a Huelva en sus visitas pastorales. La última vez estuvo en el Santuario de la Virgen de la Cinta, donde rezó delante de la sagrada imagen de la Patrona de Huelva.

Cardenalato, muerte y glorificación

En el consistorio de 11 de diciembre de 1905, san Pío X lo creó cardenal. El 31 de diciembre de 1905, el rey de España, Alfonso XIII, le impuso la birreta cardenalicia. El 19 de enero de 1906 murió en olor de santidad en Sevilla. El 5 de noviembre de 1982, el papa san Juan Pablo II oró ante su sepulcro, que visitó expresamente. El mismo Pontífice, el 29 de marzo de 1987, en Roma, proclamó beato a Marcelo Spínola y Maestre. Su fiesta litúrgica se celebra el 19 de enero.

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