Día 21 de enero

21 de enero

Memoria obligatoria de Santa Inés

Memoria de santa Inés, virgen y mártir, que, siendo aún adolescente, ofreció en Roma el supremo testimonio de la fe y consagró con el martirio el título de la castidad. Victoriosa sobre su edad y sobre el tirano, suscitó una gran admiración ante el pueblo y adquirió una mayor gloria ante el Señor. Hoy se celebra el día de su sepultura. (Martirologio Romano).

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Devociones

El Vía Crucis

¿Qué es el Vía Crucis?

Vía Crucis son dos palabras latinas cuyo significado podría traducirse como “camino de la cruz”. Condenado a muerte y cargado del madero, que había de ser el instrumento de la redención del género humano, Jesús hizo este itinerario de dolor desde el Pretorio de Pilato hasta el monte Calvario. Era el primer Viernes Santo.

El cristiano quiere seguir los pasos del Señor. La piedad ha llevado a los cristianos a la práctica del Vía Crucis, siguiendo a su Salvador en su camino al Calvario. El Pretorio, donde se dicta la sentencia más injusta de la historia; la subida por la calle de la amargura o vía dolorosa, donde el Redentor carga con su Cruz; el Gólgota, donde se consuma el sacrificio de Cristo; y el Sepulcro, donde es depositado el cuerpo sin vida del Maestro, jalonan el recorrido de Jesús que redime al hombre con su Santa Cruz.

Hoy, el recuerdo entrañable de estos momentos de la vida de Jesús se ha convertido en oración. El Vía Crucis es, para muchos cristianos, un ejercicio de piedad lleno de contenido y de cariño agradecido. Consiste en seguir espiritualmente este mismo trayecto, deteniéndose ante 14 escenas o estaciones para meditar los sufrimientos de Jesucristo y unirse interiormente con Él.

El ejercicio del Vía Crucis no es sólo para la oración vocal, sino también ayuda a la meditación personal, a la reflexión sobre el misterio de la redención y sobre todo al diálogo íntimo con el Señor. Es un medio para la oración personal o comunitaria, sobre todo en momentos fuertes en que la Liturgia invita a asociarse a la Pasión del Señor, por ejemplo en los viernes de Cuaresma, o el Viernes Santo.

Entre los ejercicios de piedad con que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el “huerto llamado Getsemaní” el Señor fue “presa de la angustia”, hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores, al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca.

Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.

El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las “caídas de Cristo” bajo el peso de la Cruz; la devoción a los “caminos dolorosos de Cristo”, que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las “estaciones de Cristo”, esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.

En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+ 1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.

El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los últimos días de su Esposo y Señor.

En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz.

Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

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