Día 29 de enero

29 de enero

Efemérides

El día 29 de enero de 1336 el papa Benedicto XII promulga la Constitución Benedictus Deus, en la que se afirma que las almas de los bienaventurados gozan de la visión de Dios, aun antes del juicio universal.

Su inmediato predecesor, Juan XXII, predicando en la catedral de Aviñón el día de Todos los Santos del año 1331, dijo, advirtiendo que se trataba de una opinión personal que a nadie obligaba, que las almas de los bienaventurados no verían a Dios hasta después del juicio final. Esta arriesgada opinión fue de inmediato rebatida por la mayoría de los teólogos. El 18 de noviembre de 1333 aclaró que él no había querido decir que fuese doctrina segura, sino solamente que era una cuestión que convenía debatir.

Ya en su lecho de muerte, Juan XXII se retractó de su afirmación, expresando que la había hecho a título personal y diciendo: Creo y confieso que las almas, separadas del cuerpo y purificadas, están en el cielo con Jesucristo y con los ángeles, ven a Dios y la divina esencia claramente y cara a cara. Si alguna vez he predicado, dicho o escrito lo contrario, lo revoco expresamente.

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Anécdota

Ocurrió en una parroquia de la periferia de una gran capital. La mayoría de los feligreses habían llegado hacía poco tiempo al barrio, procedentes de un poblado de “casas bajas” y de chabolas. Ahora vivían en pisos, gracias a una cooperativa de viviendas promovida por la propia parroquia. Y como en todo barrio nuevo, abundaban los niños y jóvenes.

El párroco, poco a poco, fue conociendo a los vecinos y conectando con la juventud. Muy pronto formó un grupo de chavales para, a través de ellos, poder llegar a los más alejados de la práctica religiosa. Con el tiempo fueron apareciendo por los locales parroquiales bastantes chicos de los primeros cursos de la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria). Casi todos con muy poca formación cristiana. Desde que hicieron la Primera Comunión habían dejado de pisar la iglesia. De las oraciones, sólo se acordaban del Padrenuestro.

El buen cura pensó que había llegado la hora de comenzar con ellos la catequesis propia para su edad, la de la plena adolescencia. Y tal como lo había pensado, habló con cada uno de los adolescentes, animándoles a asistir a las clases catequesis. La contestación de los jóvenes fue negativa. Ya asistían en el colegio a clase de Religión, argumentaron.

Pero, ¿cómo era posible tanta ignorancia religiosa en aquellos jóvenes si, desde que iban al colegio, en todos los cursos habían elegido estudiar la asignatura de Religión? La respuesta vino pronto. Un día, uno de los chavales manifestó su alegría porque el día siguiente era uno de los días en que se explicaba la religión. El sacerdote le preguntó si le resultaba especialmente amena la clase de Religión para ponerse tan contento. No. Lo que pasa es que le formamos tanto jaleo a la profesora de religión, que enseguida se pone histérica y se va llorando. Y de esta forma tenemos una hora de recreo.

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