Día 30 de enero

30 de enero

En el umbral de la eternidad

Con la esperanza del cielo

Un día fui requerido para visitar para visitar a una enferma de avanzada edad. La anciana se daba perfecta cuenta de la gravedad de su situación, y quiso recibir los últimos Sacramentos, que le administré. Pasaron unos días, y la enferma experimentó una mejoría. Pero al cabo de un mes volvió a recaer en un estado de extrema gravedad. De nuevo fui a su domicilio para llevarle el Viático. Cuando llegué me encontré con una escena que no olvidaré. En el salón de la casa habían colocado el lecho de la anciana, que estaba con plena lucidez y consciente de que había llegado el momento de su muerte. Sus familiares, que no conseguían contener las lágrimas, la acompañaban. Mientras me revestía en el mismo salón, se escuchaban los lamentos de las hijas de la moribunda que estaban en una habitación contigua. La enferma, al oír estos lloros, empezó a decir: No lloréis. Si me voy al Cielo. Con gran paz recibió el Santo Viático. A las pocas horas aquella mujer entregó su alma a Dios.

Llegar a tiempo

Un día, a media mañana, estaba en la parroquia. En ese momento estaba cerrada. Desde el despacho, lugar en que encontraba, oí un timbre, y fui a abrir la puerta. Allí estaba una mujer, bastante acalorada y nerviosa. Venía para que un sacerdote fuera a atender a su madre, que estaba agonizando. Sin pensarlo, cogí los santos óleos y salí corriendo literalmente. Al llegar a la casa, abrió la puerta otra hija de enferma. Al vernos, dijo que le parecía que su madre acababa de fallecer. Entré rápidamente en la habitación y observé que la moribunda abrió la boca e hizo otro leve movimiento. Sin perder un segundo, le administré la Unción de los enfermos, con el rito más breve, es decir, lo que es propiamente lo esencial del Sacramento. Instantes después, murió. Por la tarde, comenté con otro sacerdote de la parroquia cómo por segundos había llegado a tiempo.

Al día siguiente, fue el entierro. Cuando sacaban de la casa el féretro, pasó casualmente junto al coche fúnebre el sacerdote al que le hice el comentario. Éste, al ver el ataúd, lo bendijo y rezó una breve oración. El empleado de la funeraria, al verlo, le dijo: Llega usted, padre, un poco tarde. El sacerdote, a su vez, le dijo: No se preocupe. Ayer mi compañero sí llegó a tiempo y le administró la Unción de los enfermos.

Hoy y ahora

Me comentó un chico que su abuelo estaba enfermo, para que le administrara la Unción de los enfermos. Pregunté dónde vivía su abuelo, y me dijo que en el mismo edificio, varios pisos más arriba. Pues subo ahora. El chaval comentó que ya era muy tarde, y tenía razón, pues ya eran más de las once de la noche. Por lo que dijo: Suba mejor mañana a primera hora. En estos casos esperar a más adelante es un tremendo error. Cuanto antes, mejor. Por lo que le dije: Hoy y ahora. Y así fue. Subí y le administré el Sacramento. Al día siguiente, el chaval me dijo que su abuelo había fallecido de madrugada. Subí de nuevo para rezar un responso.

*****

Anécdota

Un chaval de 6º de Primaria, le dijo un día a su madre: ¿Qué tengo que hacer para que tú estés más contenta de mí? La madre le dijo que estaba contenta de él, pero si quería tenerla más contenta, que recogiera mejor la habitación, que cuidara un poco más la ropa y, si era posible, que sacara mejores notas. El chico le dijo: Bien, lo voy a intentar, pero a cambio te pido que tú y papá me ayudéis ir a Misa los domingos, y la mejor forma de hacerlo es que me acompañéis. El chico mejoró y sus padres empezaron a ir a Misa los domingos.

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