Día 26 de febrero

26 de febrero

Efemérides

Muere en Roma tal día como hoy del año 1930 el cardenal Rafael Merry del Val. Fue Cardenal Secretario durante el pontificado de san Pío X.

Rafael Merry del Val

*****

Semblanza

Cardenal Secretario de Estado

Los motivos de una decisión

San Pío X siguió la vieja costumbre de crear cardenal al secretario del cónclave en el cual había sido elegido papa. Y además lo escogió como Secretario de Estado. La persona elegida fue Rafael Merry del Val, hombre muy culto, tan piadoso como sagaz diplomático. El mismo Papa dio explicaciones de su decisión al cardenal francés Mathieu: He escogido a monseñor Merry del Val por ser políglota. Habla correctamente cinco o seis lenguas. Nacido en Inglaterra, educado en Bélgica, diplomático en Viena, español de nacionalidad, conoce los asuntos de muchos países. Un santo sucede a otro santo. Es muy modesto.

Vocación sacerdotal

Rafael Merry del Val nació en Londres el 10 de octubre de 1865, en el seno de una familia aristocrática española. Tras cursar sus estudios secundarios en Bruselas, ingresó en la Universidad de Ushaw (Inglaterra), en donde se despertaría su vocación sacerdotal.

Era un joven buen deportista, apasionado por el tenis, el ajedrez, la equitación, la esgrima. Un día, su padre, el Marqués Merry del Val, diplomático de carrera, para probar la firmeza de los propósitos de su hijo de ser sacerdote, le dijo: ¿Cómo podrás ser sacerdote, Rafael, tú que eres tan amante de los deportes, de los juegos y de la equitación?, haciéndole ver que una vez que fuera sacerdote tendría que prescindir de ejercitar esas aficiones por falta de tiempo debido a la dedicación que le exigiría su ministerio. ¡Por Dios se puede y se debe sacrificarlo todo!, fue su respuesta firme y decidida.

Una audiencia papal

Un buen día de 1885 León XIII recibió en audiencia al diplomático español que fue acompañado por su hijo Rafael. El Papa estuvo afectuoso con sus visitantes, y después de un momento de diálogo se interesó por el joven, preguntando al padre: Y ahora, ¿adónde va este muchacho? La respuesta no se hizo esperar. Santidad, entra en el Colegio Escocés. Y nueva pregunta del Pontífice: ¿Y por qué el Colegio Escocés? El interpelado responde: Santo Padre, no habiendo en Roma Colegio Español, me parece el más indicado. El Colegio Escocés goza de buena fama y está situado magníficamente. Al oír esta respuesta, León XIII dijo como para sus adentros: Cierto que es un buen colegio y tiene un rector excelente… Y se quedó pensativo. Al rato añadió: Yo no quiero que vaya a ese Colegio. El sitio apropiado para él es la Academia Pontificia de Eclesiásticos Nobles. Éste es su ambiente.Santo Padre -se atrevió a replicar el Marqués Merry del Val-. Rafael es muy joven. Lo más conveniente para él es un seminario, donde esté sujeto a la disciplina necesaria para su formación. Este razonamiento no convenció a León XIII: De ningún modo. Mi deseo es que vaya a la Academia Pontificia de Eclesiásticos Nobles. Pero el ilustre visitante no estaba tampoco muy dispuesto a ceder: Santidad, ya está admitido en el Colegio Escocés. Creo que no está bien el volvernos atrás. Esto sería un trastorno. -Bien. Ya veremos, concluyó el Papa.

León XIII los despidió con una sonrisa y con exquisita amabilidad. Horas después, el embajador de España en Roma, Marqués de Molins, visitó a Merry del Val y le dijo: Traigo una noticia para ustedes. El Santo Padre me ha llamado y me ha comunicado que los que vienen a Roma deben obedecer al Papa, o de lo contrario, más vale que se marchen. Tanto el padre como el hijo lo comprendieron enseguida. La suerte del joven Rafael estaba echada. Entraría, según el deseo de León XIII, en la Academia Pontificia de Eclesiásticos Nobles.

En la Academia Pontificia de Eclesiásticos Nobles

La gran inteligencia de la que estaba dotado y el dominio de diversos idiomas que poseía le abrieron pronto al joven Merry del Val las puertas de las más altas distinciones académicas. En 1886 se doctoró en Filosofía, y cuatro años más tarde, en Teología. La licenciatura en Derecho Canónico la obtuvo en 1891. Distinguido por el afecto y la admiración de León XIII, éste le encomendó, aun antes de ordenarse, difíciles misiones, de las que el noble eclesiástico salió airoso.

En el año 1887, cuando contaba 22 años de edad, el Papa le nombró secretario de una comisión extraordinaria, presidida por monseñor Ruffo Scilla para presentar a la reina Victoria de Inglaterra la felicitación de León XIII con ocasión del quincuagésimo aniversario del reinado de la Soberana inglesa. El joven clérigo, pretendió, por humildad, eludir aquel honroso cargo. Santo Padre -rogó al Papa-, desearía no abandonar mi Academia, y cedo gustoso ese honor a otros que tienen más méritos que yo. León XIII, dándose cuenta de la humildad y sencillez del joven, respondió a la súplica: Hemos resuelto enviar a Londres precisamente a uno que no quiera.

El 30 de diciembre de 1888 recibió la ordenación sacerdotal. Secretario de diversas delegaciones pontificias antes las cortes europeas, fue nombrado en 1897 Delegado Apostólico Extraordinario en Canadá. El éxito alcanzado en la breve, pero difícil, tarea en dicho país y el gran predicamento de que gozaba en los ambientes romanos, junto con la creciente simpatía del Pontífice, explican que, en 1900, fuera designado Presidente de la Academia de Nobles Eclesiásticos.

Hábil polemista

Motivo especial de los desvelos ecuménicos de León XIII era el retorno de los anglicanos a la unidad de la Iglesia. Realizó con este fin diversas tentativas, entre otras, una interesante y emotiva carta dirigida a los ingleses –Ad Anglos-, del 15 de abril de 1895, en la que el sabio y celoso Pontífice recomendaba fervorosamente la unidad de las inteligencias y de los corazones en una sola fe. En la redacción de esta encíclica tuvo gran parte monseñor Merry del Val, buen conocedor del estado en que se hallaba Inglaterra respecto a la verdad católica y que compartía con el Santo Padre el deseo ardiente de convertir a la fe católica a la nación que le había nacer.

En el año 1896 León XIII nombró una comisión pontificia para que estudiase la validez de las ordenaciones anglicanas. Merry del Val fue nombrado secretario de la comisión. La tarea era muy delicada. La comisión celebró doce sesiones, revisó todos los archivos, utilizó todos los documentos, ponderó bien las cosas, e hizo un estudio profundo. Monseñor Merry del Val desplegó una actividad incansable. Su conocimiento de la legua inglesa y de la historia religiosa de aquella nación fue una valiosa ayuda para la resolución del problema.

Terminadas las sesiones, se comunicó al Papa el resultado de aquella vasta, diligente y concienzuda investigación. La conclusión fue una rotunda negativa. De ningún modo puede admitirse la validez de las ordenaciones anglicanas. Con este informe, León XIII publicó la carta Apostolicae curae, en la que abiertamente declaraba de una manera tajante y definitiva la invalidez de las ordenaciones del clero anglicano.

Algunos hombres sinceros y rectos se convirtieron al Catolicismo, tales como el hijo del arzobispo de Canterbury, Robert Hugh Beson, clérigo anglicano que después de convertido se hizo sacerdote y adquirió renombre como novelista, y el notable predicador Vernon Johnson.

La carta Apostolicae curae levantó una gran polvoreda y una desorientación enorme entre los anglicanos. Hubo protestas y diatribas contra la Iglesia Católica. Merry del Val salió en defensa del Papa y de la Iglesia, teniendo una pública discusión con un ministro anglicano. En el desarrollo del debate habló el joven prelado con tanta fuerza de argumentos, con tan solidez de doctrina, que llamó la atención de cuantos oyeron sus palabras. Los anglicanos que se hallaban presentes no pudieron resistir sus razonamientos. Se sintieron anonadados ante la elocuencia de aquel vigoroso apóstol que supo defender prestigiosamente los derechos del Papa y de la Iglesia. Más tarde Merry del Val publicó un folleto replicando a otro que había publicado el ministro anglicano con el que había sostenido aquella pública disputa. Por último salió a la luz otro trabajo suyo, publicado con el título: A propósito de las ordenaciones anglicanas. Trabajo en el que manifestó su profundo estudio sobre la cuestión y que suscitó gran interés en la prensa católica y hasta en la protestante. Con estas actuaciones Merry del Val cobró gran fama de teólogo y de hábil polemista.

Secretario del cónclave de 1903

El 20 de julio de1903 murió León XIII. El Sacro Colegio Cardenalicio decide elegir a Merry del Val para secretario del cónclave del que saldría el sucesor del Papa difunto.

Durante la celebración del cónclave, al anunciarse el resultado de los primeros escrutinios, claramente se vio una tendencia de los votos hacia el cardenal Sarto, patriarca de Venecia, con gran disgusto de éste. En su agonía espiritual, puesto de rodillas en la capilla Paulina, rogaba a Dios y a la Virgen María que los cardenales no le votasen a él. Así pasó un rato, hasta que sintió que alguien le tocaba ligeramente en la espalda. Se volvió y vio al joven secretario del cónclave, el arzobispo Merry del Val, que se arrodillaba a su lado mientras le decía: Los señores Cardenales me envían para suplicaros que no rechacéis la elección si recae sobre vos. ¡Valor, Eminencia; tenga valor! Vos, que habéis tenido habilidad suficiente para pilotar tan bien la góndola de Venecia, la tendréis asimismo para conducir en Roma la barca de San Pedro.

El 4 de agosto de 1903 el Patriarca de Venecia, cardenal Sarto, fue elegido papa, tomando el nombre de Pío X. El nuevo Pontífice confirmó en sus cargos a todos los prelados de la Curia. La única excepción fue la de la Secretaría de Estado. Para este puesto de honor y de confianza, además de una gran responsabilidad, encontró un colaborador infatigable, complemento providencial de su personalidad: monseñor Merry del Val.

Desde el primer instante, Merry del Val había provocado un sentimiento de confianza y atracción en Pío X, quien, pese a sus reiteradas súplicas, en contrario, le designó su Secretario de Estado. El Santo Padre entiende el Pontificado como un puesto de lucha, de abnegación y de sufrimiento. Por esto, le dice a monseñor Merry del Val cuando éste se resiste a aceptar el cargo: Trabajaremos juntos y sufriremos juntos, por amor a la Iglesia. Y el 9 de noviembre de 1903 le concedió la púrpura cardenalicia a la edad de 38 años.

Al recibir el nombramiento de Secretario de Estado, Merry del Val esbozó el siguiente comentario: El nuevo Papa ha querido ser humilde hasta en la elección de su primera criatura.

Plena identificación con el Papa

La identificación de Merry del Val con el Papa fue total en toda la problemática y la obra de gobierno acometidas durante el pontificado de San Pío X. Especialmente compenetrados estuvieron en la crisis con la Hija Primogénita de la Iglesia, Francia. El Gobierno francés presidido por el masón Combes sacó la ley llamada de las cultuales, que era profundamente injuriosa hacia Dios. San Pío X sólo tenía dos alternativas: aceptarla, renovando el Concordato; o rechazarla, exponiendo a los católicos franceses a una persecución por parte de las autoridades gubernativas y a la expoliación fiscal. En todo momento el Pontífice contó con la valiosa ayuda de su Secretario de Estado. Cuando recibió copia de la ley francesa de manos de Merry del Val, la colocó sobre el altar de su capilla privada y aquella noche se la pasó haciendo oración. Al día siguiente, cuando el cardenal español le pidió la respuesta que había de dar al Gobierno galo, contestó con gran firmeza: Non possumus (no podemos), y añadió: Eminencia, mire al crucifijo: ¿Qué dice? Nos dice: Non possumus. Pues ésta es nuestra respuesta.

Caridad y fortaleza

Merry del Val era muy sensible ante los problemas de su época y abierto a todas las manifestaciones de la civilización moderna. Fiel a la ortodoxia, se mostró siempre muy firme ante las corrientes modernistas. Cuando tenía que corregir lo hacía con la fortaleza necesaria, pero sin faltar a la caridad, como refleja el siguiente hecho: Un día que salía de paseo se encontró con un cochero que blasfemaba horrorosamente contra la Santísima Virgen. Le reprochó sus palabras con enérgica dignidad, y tomándole el número del carruaje, le dijo que le denunciaría como transgresor de una disposición de la Ley Civil. El cochero quedó avergonzado, le pidió disculpas, suplicándole que le perdonase y le prometió que cambiaría de lenguaje.

Otro día, estando en Poggio Fidoni, en el valle de Rieti, preguntó enseguida por el párroco, excelente sacerdote, y le respondieron que estaba fuera, pues se había dirigido a asistir a un moribundo. El cardenal expresó el deseo de visitar igualmente la iglesia. Al entrar allí, se arrodilló ante el altar mayor, diciendo una oración. Terminada la plegaria, se levantó y, mirando al Sagrario, observó que estaba entre abierto. Subió al altar, cerró cuidadosamente la puertecita del Sagrario con la llavecita que estaba en la cerradura y sobre un trozo de papel, escribió estas palabras: El párroco. ¿Dejará abierto su joyero?, y firmó: Cardenal Merry del Val.

Tarea pastoral y vida de piedad

Merry del Val supo hacer compatible su trabajo en la Curia con un intenso apostolado social en los suburbios romanos, especialmente en el barrio del Transtévere. Fundó la Pía Asociación del Sagrado Corazón de Jesús para los jóvenes de aquellas zonas de la Urbe. No quiero en la Asociación nada que no sea piedad y la caridad de Cristo, escribió. Cuando en una ocasión le pidieron que los jóvenes de la Asociación participaran en manifestaciones callejeras con otros grupos del movimiento obrero, contestó: A mí me basta con hacer buenos católicos y honrados padres de familia; de esta manera tengo la seguridad de haber hechos buenos ciudadanos. La Iglesia de Dios, más que con la guerrilla callejera, se defiende con la plegaria, con el amor y la caridad de Cristo.

Gracias a él le fue concedida la dignidad cardenalicia al arzobispo de Bolonia, monseñor Della Chiesa. San Pío X apreciaba a Della Chiesa, pero acaso temía su significación política, de la que era un síntoma que el Gobierno francés le hubiera nombrado Caballero de la Legión de Honor. El caso es que viendo Merry del Val en el último consistorio del papa Sarto la omisión de Della Chiesa en la nota que el Pontífice le había entregado, exclamó humildemente volviéndose a Pío X: Padre Santo, ¿y el arzobispo de Bolonia? ¿Qué dirá el mundo de una exclusión que dura siete años? A lo que Pío X, tras breve reflexión, incluyó en la lista de la última promoción de cardenales que hizo el nombre de Giacomo della Chiesa, que había de sucederle seis meses después en la cátedra de San Pedro con el nombre de Benedicto XV.

Tras la muerte de Pío X, con el correspondiente cese de la Secretaría de Estado, intensificó el apostolado social, de tal forma que esta labor, junto con la secretaría del Santo Oficio, cargo para el que fue nombrado por Benedicto XV, y la redacción de sus testimoniales para el proceso de beatificación del papa Sarto, absorbieron los principales afanes de la última etapa de su existencia.

Era hombre de gran piedad y alma enamorada de la Eucaristía. Secundando los deseos de Pío X, exhortaba a los fieles a la comunión frecuente, pero preparándola bien. Recordemos -decía una vez- que la mejor preparación para la comunión no consiste en recitar fórmulas, dichas a menudo con distracción o por costumbre, sino en el fiel cumplimiento de nuestros deberes, aceptando y ofreciendo al Señor las penas y contrariedades que nos ocurren, con intención de que sirvan, esos actos nuestros, como preparación para la comunión. Y en otra ocasión: Nuestras mejores comuniones no son aquéllas en las cuales nos parece experimentar un gran sentimiento de ternura hacia Jesús en su Santa Eucaristía, sino aquéllas en las cuales nos acercamos a Él con mayor humildad, contrición y confianza.

El Angelus de Getsemaní

El cardenal Merry del Val compuso varias oraciones, entre otras: Letanías de la humildad, Oración para pedir la conversión de un alma, El Ángelus de Getsemaní. Esta última es de la siguiente forma:

V/. El Ángel del Señor se apareció para asistir a Jesús.

R/. Y fue consolado por el Espíritu Santo.

Padrenuestro.

Dulce Corazón de mi Jesús.

Haz que yo te ame siempre más.

V/. Heme aquí en agonía: si es posible, pase de mí este cáliz.

R/: Mas no se haga mi voluntad, sino la Tuya.

Padrenuestro

Dulce Corazón de mi Jesús.

Haz que yo te ame siempre más.

V/. El Verbo hecho carne fue clavado en la Cruz.

R/. Y padeció por nosotros.

Padrenuestro.

Dulce corazón de mi Jesús.

Haz que yo te ame siempre más.

V/. Ten misericordia de nosotros, ¡oh Jesús!

R/. Para que seamos dignos de tu consolación.

Oración: Os rogamos, ¡oh Señor!, que derraméis vuestras gracias en nuestros corazones para que nosotros, por quienes vuestro Unigénito Jesús ofreció su agonía en el Huerto de los Olivos, podamos, por su Pasión y Cruz, renacer a la gloria de su Resurrección; por medio de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Muerte

Rafael Merry del Val, cuando nada lo hacía presagiar, murió en Roma el 26 febrero de 1930, a consecuencia de una sencilla intervención quirúrgica. En la actualidad se halla abierto su proceso de beatificación, habiéndose ya declarado la heroicidad de las virtudes cristianas del Siervo de Dios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s