Día 18 de marzo

18 de marzo

Conmemoración de san Cirilo de Jerusalén

San Cirilo, obispo de Jerusalén y doctor de la Iglesia, que, a causa de la fe, sufrió muchas injurias por parte de los arrianos y fue expulsado con frecuencia de la sede. Con oraciones y catequesis expuso admirablemente la doctrina ortodoxa, las Escrituras y los sagrados misterios. (444) (Martirologio Romano).

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Oraciones

Las letanías

La palabra letanía es un término genérico que significa súplica y por el cual se designan diversas especies de oraciones de intercesión que presentan la forma de interpelación o enunciación realizada por su solista y respuesta del pueblo. Las letanías son, por tanto, oraciones públicas dialogadas, cuyas manifestaciones se suelen tener en los templos y también en las calles, para pedir algo a Dios.

La letanía, más que una oración particular, se puede decir que es un género, denominado de ordinario litánico. La oración litánica es la forma por excelencia de la oración vocal.

Su uso es antiquísimo en la Iglesia. Según san Ambrosio, las letanías tiene su origen en el precepto de san Pablo a Timoteo: Recomiendo, pues, ante todo, que se hagan súplicas, oraciones, rogativas, acciones de gracias, por todos los hombres… porque ésta es una cosa buena a los ojos de Dios…

Es una de las maneras de orar preferidas por los fieles y autorizada por la Iglesia en procesiones y en acciones litúrgicas como en las Ordenaciones de sacerdotes, en la dedicación de templos y altares, en la consagración de vírgenes, etc.

Letanías más conocidas

Al principio, en las letanías solamente se invocaba a las Personas Divinas, pero muy pronto se extendió la costumbre de incluir en ellas invocaciones a la Virgen y a los santos. En el siglo VII eran de uso frecuente las letanías de los santos. Inspiradas en ellas empezaron a componerse letanías exclusivamente marianas.

Con el paso del tiempo surgieron otras letanías. Hoy día las letanías más conocidas son: letanías lauretanas, letanías del Santo Nombre de Jesús, letanías del Sagrado Corazón de Jesús, letanías de la Preciosísima Sangre de Cristo, letanías de San José, letanías del Espíritu Santo y letanías de la humildad.

Las letanías lauretanas

En la época medieval y moderna surgieron innumerables letanías en honor a la Virgen María. Especial acogida tuvieron las que se rezaban o cantaban en la Santa casa de Loreto, denominadas lauretanas.

Las letanías lauretanas no pertenecen al formulario litúrgico como las letanías de los Santos, pero son extraordinariamente populares. Comienzan con el Kyrie eleison (Señor, ten piedad) y unas invocaciones a las tres Divinas Personas; sigue luego una bella lista de alabanzas a la Santísima Virgen, a la que se responde ora pro nobis (ruega por nosotros); y concluyen con el Agnus Dei (Cordero de Dios).

El texto más antiguo conocido se halla en un Misal de Maguncia del siglo XII; existieron en el curso de los siglos varias recensiones. El que actualmente se practica, de ordinario al final del rezo del Santo Rosario, fue adoptado en el famoso santuario mariano de Loreto, de donde procede el apelativo con que se le designa. El papa Sixto V, en 1587, lo aprobó para toda la Iglesia, a la vez que lo enriquecía con indulgencias.

Al ser tan desmesurado el crecimiento de otras letanías, Clemente VIII, por el Decreto Quoniam multi de 6 de septiembre de 1601, prohibió que se compusieran nuevas letanías o que volviesen a publicarse las ya divulgadas, a excepción de “las letanías de los santos y las que se suelen cantar en la Casa de Loreto”. De esta forma se impusieron las letanías lauretanas sobre todas las demás y se extendieron por toda la Iglesia.

San Pío V, para conmemorar la victoria cristiana de la batalla de Lepanto, instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario (7 de octubre) y añadió a las letanías la invocación Auxilio de los cristianos. En el año 1631, la Sagrada Congregación de Ritos prohibió que se añadiesen nuevas invocaciones a las letanías de la Virgen sin permiso de la Santa Sede. En 1839, Gregorio XVI autorizó la invocación Reina concebida sin pecado original (en España se añadió Madre Inmaculada); en 1883, León XIII añadió Reina del Santísimo Rosario, y 1903, Madre del Buen Consejo; en 1915, Benedicto XV incluyó Reina de la paz; en 1951, en memoria de la definición dogmática de la Asunción, Pío XII añadió Reina elevada al Cielo. Juan Pablo II, teniendo en cuenta que Pablo VI había proclamado a María como Madre de la Iglesia, decidió incluir esta invocación –Madre de la Iglesia– en las letanías, y en la fiesta de la Sagrada Familia de 1995 añadió la aclamación Reina de la familia, siendo por ahora la última inclusión.

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