Día 27 de marzo

27 de marzo

Liturgia

El año litúrgico

Se llama año litúrgico al periodo de tiempo que abraca desde el primer domingo de Adviento hasta la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Durante el año litúrgico recorremos los momentos más importantes de la vida de Nuestro Señor, entre los que destacan su muerte y resurrección. Este nos ayuda a estar en unión con Jesús y a crecer en nuestra fe.

La vida de Cristo ha dado vida al mundo, por eso necesitamos volver a esos momentos, en el presente, para que Jesús nos conceda recibir y acoger la salvación que Él ofrece a los hombres. Nuestro Señor sale a nuestro encuentro en las celebraciones litúrgicas para darnos la salvación que nos ha traído con su vida, muerte y resurrección.

También durante el año litúrgico honramos a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Y a los santos de todos los tiempos.

El año litúrgico está dividido en tiempos litúrgicos. Estos tiempos se dividen en dos grandes ciclos: El Ciclo de Navidad y el Ciclo Pascual. El primero abarca los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad. En este último se incluye la celebración de la Epifanía. El segundo comprende los tiempos litúrgicos de Cuaresma, Triduo Pascual y Pascua. En la Cuaresma está incluida los cinco primeros días de la Semana Santa, y en el Triduo Pascual los dos últimos. Aunque hay que decir que parte del Jueves Santo (hasta la Misa in Coena Domini) es tiempo de Cuaresma; y el resto del día, forma parte del Triduo Pascual.

Las semanas restantes que no están incluidas en los citados tiempos litúrgicos forman el Tiempo Ordinario, que está dividido en dos partes. La primera va desde el final del tiempo de Navidad hasta el comienzo de la Cuaresma; y la segunda va desde el final de tiempo de Pascua hasta el inicio del Adviento.

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Anécdota

Un día, un grupo de jóvenes, buenos católicos, estaban de excursión y fueron al Santuario del Rocío. Allí encontraron a un joven francés, y entablaron conversación. ¿Eres católico?, le preguntó uno, pues no se le veía rezar en el Santuario. No, soy ateo, respondió. Y añadió: El catolicismo tapa las heridas, pero no las cura. En medio de la conversación, los del grupo sacaron sus bocadillos, y ofrecieron dos al joven ateo. El catolicismo es amor, dijo uno del grupo. ¿Y qué es el amor?, preguntó el ateo. Entonces le respondió otro: Prueba de que es amor son los dos bocadillos que estás comiendo.

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