Día 3 de abril

3 de abril

Liturgia

Tiempos litúrgicos: Tiempo Pascual

En las solemnidades pascuales, cuando se conmemora el triunfo de Jesucristo, nuestra alma rebosa de íntimo gozo; entonces hemos de pensar seriamente que también nosotros tenemos que resucitar con Cristo Redentor de una vida tibia y frívola a otra más fervorosa y santa, entregándonos entera y generosamente a Dios y olvidando este mundo miserable para aspirar tan sólo al cielo: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas que son de arriba… saboread las cosas del cielo” (Col 3, 1-2) (Pío XII, Encíclica Mediator Dei, n. 157).

Es la Pascua de Resurrección la fiesta más importante de la Iglesia Católica. Jesucristo verdaderamente murió; pero también es cierto que verdaderamente resucitó. La Iglesia deja oír constantemente el alegre aleluya, que es palabra de júbilo y entusiasmo, para demostrar su íntima satisfacción por la Resurrección del que es su Fundador.

¿Qué significa para nosotros la fiesta de Pascua y todo el tiempo Pascual? Significa que hemos de resucitar de la muerte del pecado a la vida de la gracia, de la tibieza en el servicio de Dios al fervor de una caridad perfecta; y que hemos de renunciar a la iniquidad para resucitar a la justicia.

El misterio Pascual es siempre un término y un principio renovadores: es el fruto de la ascesis cristiana intensificada durante la Cuaresma y la semilla de una esperanza más profunda en la pascua definitiva, de una mayor unión con Dios.

La característica del tiempo Pascual es el acento de triunfo y de alegría. La Pascua es como una fiesta continua. El tiempo Pascual es la prolongación de la memoria de la Resurrección del Señor. Los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés han de ser celebrados con gozo y alegría como si fuesen un solo y único día festivo, más, aún, como un gran domingo (Normas universales para el año litúrgico y el Calendario Romano General, n. 22).

No empieza todos los años el tiempo Pascual el mismo día, pues la fecha del Domingo de Resurrección depende de la luna de primavera. Dura cincuenta días, y termina con el Domingo de Pentescotés. En total son siete semanas. Los ocho primeros días del tiempo Pascual constituyen la octava de Pascua y se celebra como solemnidades del Señor.

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La Resurrección del Señor

Por el nombre de Resurrección no debe entenderse únicamente que Cristo resucitó entre los muertos sino que resucitó por su virtud y poder propio, lo cual fue exclusivo y singular en Él (Catecismo Romano, I, 6). No es una vuelta a su anterior estado de vida terrestre, sino que es Resurrección gloriosa: es decir, plenitud de vida humana, inmortal, liberado de todas las limitaciones de tiempo y espacio.

La Resurrección gloriosa de Jesucristo es el misterio central de nuestra fe y el fundamento de nuestra esperanza. Al resucitar, Cristo completa la obra de la Redención. Si muriendo en la Cruz había vencido al pecado era necesario que resucitase, venciendo así a la muerte, consecuencia del pecado (cf. Rm 5, 12). Con su Muerte nos libró de los pecados, pero con su Resurrección nos devolvió los bienes que habíamos perdido por el pecado y además nos abrió las puertas de la vida eterna.

Desde el principio será la Resurrección el núcleo de toda la predicación de la Iglesia. El primer sermón de san Pedro el día de Pentecostés se puede resumir en esta proposición: Jesús de Nazaret ha resucitado.

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