Día 8 de abril

8 de abril

Devociones

El Vía Lucis

¿Qué es el Vía Lucis?

Durante siglos las generaciones cristianas han acompañado a Cristo camino del Calvario, en una de las más hermosas devociones, con tradición desde la Edad Media: el Vía Crucis. En él se recorren los momentos más sobresalientes de la Pasión y Muerte de Cristo. Pero ésta es la primera parte de una historia que no acaba en un sepulcro, ni siquiera en la mañana de la Resurrección, sino que se extiende hasta la efusión del Espíritu Santo y su actuación maravillosa. ¿Por qué no intentar -no en lugar de, sino además de– acompañar a Jesús también en las catorce estaciones de su triunfo?

Pues bien, como coronación natural del Vía Crucis, ha surgido en tiempos recientes la práctica del Vía Lucis: la meditación orante de los misterios gloriosos del Señor -los acontecimientos, inolvidables y trascendentales, que los cercanos a Jesús vivieron intensamente, con una gratitud y un gozo inimaginables, comprendidos entre la Resurrección y Pentecostés- nos enseña a caminar en el mundo como hijos de la luz, testigos de la vida nueva comunicada por el Resucitado.

En diversos lugares, se está difundiendo este nuevo ejercicio de piedad denominado Vía Lucis. En él, como sucede en el Vía Crucis, los fieles, recorriendo un camino, consideran las diversas apariciones en las que Jesús -desde la Resurrección a la Ascensión, con la perspectiva de la Parusía- manifestó su gloria a los discípulos, en espera del Espíritu prometido, confortó su fe, culminó las enseñanzas sobre el Reino y determinó aún más la estructura sacramental y jerárquica de la Iglesia.

Mediante el ejercicio del Vía Lucis los fieles, siguiendo a Jesús en su camino de gloria, recuerdan el acontecimiento central de la fe -la Resurrección de Cristo- y su condición de discípulos que en el Bautismo, sacramento pascual, han pasado de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia.

Durante siglos, el Vía Crucis ha mediado la participación de los fieles en el primer momento del evento pascual -la Pasión- y ha contribuido a fijar sus contenidos en la conciencia del pueblo. De modo análogo, en nuestros días, el Vía Lucis, siempre que se realice con fidelidad al texto evangélico, puede ser un medio para que los fieles comprendan vitalmente el segundo momento de la Pascua del Señor: la Resurrección.

El Vía Lucis es una invitación a meditar la etapa final del paso de Jesús por la tierra, pero además, puede convertirse en una óptima pedagogía de la fe, porque, como se puede decir, per crucem al lucem. Con la metáfora del camino, el Vía Lucis lleva desde la constatación de la realidad del dolor, que en plan de Dios no constituye el fin de la vida, a la esperanza de alcanzar la verdadera meta del hombre: la liberación, la alegría, la paz, que son valores esencialmente pascuales.

El Vía Lucis, finalmente, en una sociedad que con frecuencia está marcada por la cultura de la muerte, con sus expresiones de angustia y apatía, es un estímulo para establecer una cultura de la vida, una cultura abierta a las expectativas de la esperanza y a las certezas de la fe.

Celebración del Vía Lucis

Del Vía Crucis cuaresmal al Vía Lucis pascual. De este modo, comienza a extenderse en numerosas comunidades cristianas y parroquias una nueva práctica religiosa propia del período litúrgico de Pascua.

Esta celebración, de características formales parecidas a las del Vía Crucis, puede realizarse a nivel personal o en comunidad. En lugar de portar la cruz, símbolo de la pasión, se lleva procesionalmente el cirio pascual, o un icono de la resurrección, bien alto y a la vista de todos. Así como el viernes es el día por antonomasia del Vía Crucis, el domingo lo es para el Vía Lucis.

Se proclaman y meditan las “estaciones”, que consisten en catorce momentos de la Pascua de Cristo, desde su resurrección hasta Pentecostés. Después se lee el relato bíblico correspondiente a cada “estación”, un silencio, una oración-reflexión, y un canto breve pascual.


Las “estaciones” del
Vía Lucis

1ª Jesús resucita de la muerte.

2ª Los discípulos encuentran el sepulcro vacío.

3ª Jesús se aparece a la Magdalena.

4ª Jesús en camino con los discípulos de Emaús.

5ª Jesús se manifiesta en la fracción del pan.

6ª Jesús se aparece a los discípulos.

7ª Jesús concede a sus discípulos el poder de perdonar los pecados.

8ª Jesús confirma la fe de Tomás.

9ª Jesús se aparece a sus discípulos en el lago de Galilea.

10ª Jesús confiere el primado a Pedro.

11ª Jesús confía a sus discípulos la misión universal.

12ª Jesús asciende al cielo.

13ª Con María en la espera pentecostal del Espíritu Santo.

14ª Jesús manda a sus discípulos el Espíritu prometido por el Padre.

Hay otro Vía Lucis con algunas variantes en las “estaciones”. Y es éste:

1ª ¡Cristo vive!: ¡Ha resucitado!

2ª El encuentro con María Magdalena.

3ª Jesús se aparece a las mujeres.

4ª Los soldados custodian el sepulcro de Cristo.

5ª Pedro y Juan contemplan el sepulcro vacío.

6ª Jesús en el Cenáculo muestra sus llagas a los Apóstoles.

7ª En el camino de Emaús.

8ª Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados.

9ª Jesús fortalece la fe de Tomás.

10ª Jesús resucitado en el lago de Galilea.

11ª Jesús confirma a Pedro en el amor.

12ª La despedida: Jesús encarga su misión a los Apóstoles.

13ª Jesús asciende al cielo.

14ª La venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

¿Cómo se reza el “Vía Lucis”?

Para rezar el Vía Lucis, en que se comparte con Jesús la alegría de su Resurrección, se propone un esquema similar al que se utiliza para el Vía Crucis:

a) enunciado de la “estación”;

b) presentación o monición que encuadra la escena;

c) texto evangélico correspondiente, con la cita de los lugares paralelos (en las dos últimas “estaciones” se ha tomado el texto de los Hechos de los apóstoles);

d) comentario al pasaje de la Escritura;

e) oración que pretende tener un tono de súplica.

Para completar este esquema, si se desea, después del enunciado de cada una de las “estaciones”, se puede decir:

V/. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

R/. Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

V/. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

O también:

V/. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R/. Que por tu Pascua redimiste al mundo.

Al finalizar cada “estación” se reza un Padrenuestro y un Avemaría. Y a continuación se dice:

V/. Por la resurrección de Cristo.

R/. Guárdanos en la luz, Madre del Señor.

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