Día 9 de abril

9 de abril

Pregunta y respuesta

¿Es admisible la teoría de que el sepulcro donde había sido depositado el cuerpo sin vida de Jesús estuviera vacío porque los discípulos de Jesús habían robado el cuerpo de su Maestro?

La posibilidad del robo del cuerpo de Cristo por parte de sus discípulos ya fue contemplada por los príncipes de los sacerdotes y los fariseos, que fueron a Pilato para que se custodiase el sepulcro. Señor, nos hemos acordado de que ese impostor dijo en vida: “Al tercer día resucitaré”. Manda, por eso, custodiar el sepulcro hasta el tercer día, no vaya a ser que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”, y sea la última impostura peor que la primera (Mt 27, 63-64). El Procurador romano accedió: Ahí tenéis la guardia; id a custodiarlo como os parezca bien (Mt 27, 65). Entonces, con el permiso de Poncio Pilato, los enemigos del Señor fueron al sepulcro para sellar la piedra y poner la guardia. Es decir, pusieron todos los medios para que el cuerpo de Cristo no fuera robado.

Hay que descartar que los apóstoles robaran el cuerpo del Señor. Su estado de ánimo no hace pensar que tuvieran la valentía y osadía para llevar a cabo tal cosa. Durante la pasión de su Maestro, todos se escondieron, a excepción de Juan. Y en caso de que lo hubieran intentado, habría habido una lucha con los soldados que custodiaban el sepulcro, y pensar que en esa pelea vencieron los discípulos es echar demasiada imaginación al asunto: unos pobres pescadores de Galilea vencen a los soldados del Procurador romano.

Además, después de la resurrección de Jesús, los soldados no hacen ninguna referencia a lucha alguna. Después de ver la piedra quitada y el sepulcro vacío, los soldados fueron a la ciudad y comunicaron todo lo sucedido a los príncipes de los sacerdotes. Estos sobornaron a los soldados con una buena suma de dinero diciéndoles: Tenéis que decir: “Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras que nosotros estábamos dormidos”. Los soldados aceptaron el dinero y divulgaron el rumor de que el cuerpo de Jesús había sido robado. Seguramente, pagarían con la vida la propagación de esa mentira, pues uno ya se puede imaginar el castigo que recibirían en aquella época unos centinelas dormidos. San Agustín comentaba así este episodio: ¿Qué has dicho, oh astucia siniestra?… ¿Presentáis testigos dormidos? Verdaderamente dormiste tú que, inventando tales patrañas, desfalleciste. Realmente, ningún crédito se le puede dar a un testigo que da testimonio de lo que ocurrió mientras estaba dormido.

En el Evangelio según san Juan hay un relato preciso de cómo encontraron todo. Narra que en cuanto Pedro y Juan oyeron lo que María les contaba, salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro: Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos aplanados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos aplanados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no caído junto a los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en el mismo sitio de antes. Entonces, entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó (Jn 20, 3-8).

Las palabras que utiliza el evangelista para describir lo que Pedro y él vieron en el sepulcro vacío expresan con vivo realismo la impresión que les causó lo que pudieron contemplar. De entrada, la sorpresa de encontrar allí los lienzos. Si alguien hubiera entrado para hacer desaparecer el cadáver, ¿se habría entretenido en quitarle los lienzos para llevarse sólo el cuerpo? No parece lógico. Pero es que, además, el sudario estaba todavía enrollado, como lo había estado el viernes por la tarde alrededor de la cabeza de Jesús.

Los lienzos permanecían como habían sido colocados envolviendo al cuerpo de Jesús, pero ahora no envolvían nada y por eso estaban aplanados, huecos, como si el cuerpo de Jesús se hubiera esfumado y hubiera salido sin desenvolverlos, pasando a través de ellos. Y todavía hay más datos sorprendentes en la descripción de lo que vieron. Cuando se amortajaba el cadáver, primero se enrollaba el sudario a la cabeza, y después, todo el cuerpo y también la cabeza se envolvían en los lienzos. El relato de Juan especifica que en el sepulcro el sudario permanecía en el mismo sitio de antes, esto es, conservando la misma disposición que había tenido cuando estaba allí el cuerpo de Jesús. Esta descripción del Evangelio señala con extraordinaria precisión lo que contemplaron atónitos los dos apóstoles. Era humanamente inexplicable la ausencia del cuerpo del Jesús. Era físicamente imposible que alguien lo hubiera robado, ya que para sacarlo de la mortaja, habría tenido que desenvolver los lienzos y el sudario, y éstos habrían quedado allí sueltos.

Pero ellos tenían ante sus ojos los lienzos y el sudario tal y como estaban cuando habían dejado allí el cuerpo del Maestro, en la tarde del viernes. La única diferencia es que el cuerpo de Jesús ya no estaba. Todo lo demás permanecía en su lugar. Hasta tal punto fueron significativos los restos que encontraron en el sepulcro vacío, que les hicieron intuir de algún modo la resurrección del Señor, pues vieron y creyeron.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s