Día 23 de abril

23 de abril

Memoria libre de san Jorge

San Jorge, mártir, cuyo glorioso combate, que tuvo lugar en Dióspolis o Lidda, en Palestina, actual Israel, celebran desde muy antiguo todas las Iglesias, desde Oriente hasta Occidente. (s. IV) (Martirologio Romano).

Memoria libre de san Adalberto

San Adalberto (Vojtech), obispo de praga y mártir, que aguantó dificultades en bien de aquella iglesia, y por Cristo llevó a cabo muchos viajes, trabajando por extirpar costumbres paganas, aunque el poco fruto obtenido se dirigió a Roma, donde se hizo monje. Vuelto al fin a Polonia, e intentando atraer a la fe a los prusianos, fue asesinado por unos paganos en la aldea de Tenkitten, junto al golfo de Gdansk. (997) (Martirologio Romano).

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Oraciones

El Avemaría

El Avemaría es una oración mariana. Consta de dos partes. La primera contiene el saludo del arcángel san Gabriel a la Virgen María en el momento de la Anunciación, y las palabras de santa Isabel en el momento de la Visitación. La segunda parte es una súplica.

Explicación del Avemaría

Dios te salve, María. “Alégrate, María”. La salutación del ángel Gabriel abre la oración del Avemaría. Es Dios mismo quien por mediación de su ángel saluda a María. Nuestra oración se atreve a recoger el saludo a María con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava y alegrarnos con el gozo que Dios encuentra en ella.

Llena de gracia, el Señor es contigo. María es la llena de gracia porque el Señor está con ella, goza de la presencia de Aquél que es la fuente de toda gracia.

Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús. Después del saludo del ángel, hacemos nuestro el de Isabel. “Llena del Espíritu Santo”, Isabel es la primera en la larga serie de generaciones que llaman bienaventurada a María: “Bienaventurada la que ha creído…”: María es “bendita entre todas las mujeres” porque ha creído en el cumplimiento de la palabra del Señor.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros…” Con Isabel, nos maravillamos y decimos: “¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?” Porque nos da a Jesús su hijo, María es Madre de Dios y madre nuestra; podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora por nosotros como ella oró por sí misma: “Hágase en mí según tu palabra”.

Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Pidiendo a María que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la “Madre de la Misericordia”, a la Virgen Santísima. Nos ponemos en sus manos “ahora”, en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, “la hora de nuestra muerte”. Que esté presente en esa hora, como estuvo en la muerte en cruz de su Hijo y que en la hora de nuestro tránsito nos acoja como madre nuestra para conducirnos a su hijo Jesús, al Paraíso.

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