Día 16 de mayo

16 de mayo

La intercesión de María

Cristo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Mt 7, 7) (…). Para apoyar la oración, que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestro corazón, interviene María con su intercesión materna. “La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.679). (…) En las bodas de Caná, el Evangelio muestra precisamente la eficacia de la intercesión de María, que se hace portavoz ante Jesús de las necesidades humanas: “No tienen vino” (Jn 2, 3) (San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 16).

La Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, siempre está pendiente de nosotros, hijos suyos. Es una Madre que nos quiere más que todas las madres de la tierra juntas: Es una madre que no se hace rogar, que incluso se adelanta a nuestras súplicas, porque conoce nuestras necesidades y viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda constantemente de sus hijos (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 140).

En el Evangelio de san Juan la Madre de Jesús aparece solamente en dos momentos de la vida de su Hijo. Uno se sitúa al comienzo del ministerio público de Cristo, en Caná de Galilea; y el otro, al final de la vida del Señor, en el Calvario. Ambos episodios manifiestan la maternal solicitud de la Virgen hacia los hombres: en las bodas de Caná intercede cuando aún no ha llegado la hora del Señor; en el Gólgota ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo por la salvación del género humano.

Santa María es Madre, pero también Abogada que nos defiende, la más clemente para interceder por sus hijos, la que tiene más poder -es la omnipotencia suplicante– y la que tiene mayor interés por nosotros. Por eso le pedimos que nos mire con sus ojos llenos de misericordia e interceda por nosotros ante su Hijo Jesús.

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Anécdotas

Quería lo más importante

Estando el rey Carlos III enfermo, se hacen en los templos de Madrid rogativas por la salud del Rey. Se llevan hasta la cámara del enfermo reliquias de algunos santos. La salud que quiero es la espiritual -dice el Monarca-, porque la del cuerpo y todo lo de este mundo me importa poco.

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Nunca estuvieron en el error

El Credo empezó a utilizarse en la Misa en España. Y de aquí pasó a otros países de Europa. Sin embargo, en Roma no se hacía, no se recitaba durante la Misa. Cuando el emperador alemán san Enrique II fue a Roma para ser coronado el 14 de febrero de 1014, quedó sorprendido que en la Ciudad Eterna no se cantase el Credo en la Misa. Preguntó a los sacerdotes el motivo de esa omisión, y ésta fue la respuesta: Nosotros, los romanos, no necesitamos hacer profesión de fe, pues nunca hemos estado en el error, en la herejía. El papa Benedicto VIII, para complacer al emperador, dispuso que se cantase el Credo en la Misa y se incorporase a la liturgia universal.

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Demasiado peso

En la Edad Media vivía un hombre de gran estatura, que servía a los prójimos llevándolos sobre los hombros de una orilla a la otra de un río. Un día llevó sobre los hombros a un niño encantador, pero que pesaba mucho. –¡Ay! -le dijo, vadeando el río-, eres muy pesado. –No te sorprendas, llevas en hombros a aquel que lleva sobre los suyos todo el universo. Y el niño desapareció. Era Cristo. El hombre de gran estatura llevó entonces el nombre de Christophoros (portador de Cristo): San Cristóbal.

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