Día 24 de mayo

24 de mayo

Un horizonte cercano

En el rompeolas de tu vida, esa espuma que blanquea ilusoriamente la arena, no la recojas. Es el pasado que quedó atrás cuando empezaste a sentir la alegría en tu alma.

Con estas letras no me dirijo solamente a ti, sino a todos los jóvenes que, como tú, están empezando a caminar por la vida. Si el hombre es el camino fundamental y cotidiano de la Iglesia, entonces se comprende bien por qué la Iglesia atribuye una espacial importancia al período de la juventud como una etapa clave de la vida de cada hombre. Vosotros, jóvenes, encarnáis esa juventud. Vosotros sois la juventud de las naciones y de la sociedad, la juventud de cada familia y de toda la humanidad. Vosotros sois también la juventud de la Iglesia. (…) En vosotros está la esperanza, porque pertenecéis al futuro, y el futuro os pertenece (San Juan Pablo II, Carta a los jóvenes, n. 15).

Un futuro incierto, desconocido, pero lleno de ilusiones, de proyectos, de ambiciones nobles… y santas. Un futuro que dejará de ser futuro para convertirse en actualidad, y más tarde, en pasado e historia.

Un futuro que no verán los mayores, pero que será contemplado por vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos. Éstos os juzgarán. Mas -no lo olvidéis- también a Dios habréis de rendir cuenta.

El mundo del mañana será lo que vosotros queráis que sea, pero ya lo debéis construir. Un mundo sin violencia, ni odio, donde no haya lugar para la irresponsabilidad y la mediocridad; un mundo que acepte el yugo suave de Cristo y respete la Ley santa de Dios, y la dignidad, la libertad y los derechos de toda persona humana.

A los jóvenes os toca hacer una siembra. Una siembre de verdad, en medio de una sociedad donde la mentira es un medio más para la consecución de fines; una siembra de paz, ahora que sólo se habla de guerras; una siembra de amor, cuando se ve tanto odio por todas las partes; una siembra de justicia, que haga desaparecer tantas desigualdades que claman al cielo.

No os engañéis: el verdadero bien no puede ser “fácil” sino que debe “costar”. No conseguiréis ganar el desafío del futuro con una vida aburguesada, donde sólo se busca el placer y la comodidad como si aquí en la tierra se tuviera morada permanente. El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil. (…) Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores (San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 77).

Para llevar a cabo este proyecto de cimentar una civilización que se tambalea en fundamentos firmes hay que contar con Dios. Un Dios que es Padre. Y sólo donde está el Padre, los hombres son hermanos. No se puede separar el mundo de Dios y contraponerlo a Dios en el corazón humano. Ni se puede separar al hombre de Dios y contraponerlo a Dios. Esto sería contra la naturaleza del mundo y contra la naturaleza del hombre San Juan Pablo II, Carta a los jóvenes, n. 31).

¿Cuántos han sucumbido a la tentación de prescindir de Dios a la hora de legislar, en momento de hacer un “buen negocio”, en las relaciones con los demás, en la vida matrimonial, en el ejercicio de la profesión? Desgraciadamente, parece que muchos. No olvidéis que la idolatría contemporánea ya no fabrica becerros de oro: su nuevo ídolo es el hombre. Un hombre que margina a Dios para colocarse en el sitio del Creador.

Lo nuestro -y te lo digo con palabras de san Josemaría Escrivá- es colocar a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, amando apasionadamente el mundo, que no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yhawéh lo miró y vio que era bueno.

De esta forma haremos ese mundo que vosotros y yo deseamos. Tened en cuenta que un mundo en que se realice el proyecto divino sobre el hombre, basado en el amor, la libertad auténtica, el servicio mutuo, sólo es posible cuando el mismo hombre busca guardar fidelidad al querer de Dios. Sin Él nada podemos hacer, con Él todo lo podemos.

Por tanto, esta empresa exige en vosotros, que tenéis la mirada puesta en el futuro, en ese horizonte cercano. Una firmeza en la fe, que os hará ser coherentes en vuestra conducta personal con las enseñanzas de Jesucristo; un testimonio de vida cristiana que -dejando a un lado los respetos humanos- os llevará a sentir la urgencia de invitar a otros jóvenes a que dediquen su vida a esa tarea de construir una sociedad más cristiana; un apostolado con los que no conocen el mensaje salvífico del Evangelio, y con los que, conociéndolo, viven como si no lo conocieran; una búsqueda de unión con los demás, superando desconfianza y divisiones estériles.

Y recordad siempre este consejo del Papa de los jóvenes, san Juan Pablo II: No caigáis en el error de pensar que se puede cambiar la sociedad transformando sólo las estructuras externas o buscando en primer lugar la satisfacción de las necesidades materiales. Hay que empezar por cambiarse a sí mismo. Porque el mal existe, pero antes de combatirlo en los demás, tenemos que destruirlo en nosotros mismos.

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Una respuesta a “Día 24 de mayo

  1. Recibo diariamente la entrada del blog y me perece estupenda. Nunca pongo nada… Muchas gracias por hacerlo.

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