Día 29 de mayo

29 de mayo

Efemérides

Tal día como hoy del año 1453, se produjo la caída del Imperio Romano de Oriente, con la toma de Constantinopla por los turcos, tras once siglos de existencia.

Años antes, el 6 de julio de 1439, en el concilio de Florencia, con la presencia del emperador de Oriente, el patriarca de Constantinopla, los arzobispos de Éfeso, Nicea y Kiev y los representantes de los demás patriarcas, en total setecientos ortodoxos, se leyó solemnemente la bula Laetentur coeli, por la que ansiada unión de los cristianos de Occidente y de Oriente se producía, finalizando así el Cisma de Oriente. Pero esta unión fue efímera. Los monjes, clero y fieles de Constantinopla se opusieron a la unión con Roma, decidida por el emperador de Oriente y los obispos en el Concilio de Florencia. Cuando Constantino XI promulgó el decreto de unión en Santa Sofía el 12 de diciembre de 1452, los monjes y clero, y con ellos, todo el pueblo, dijeron: ¡Reine sobre Constantinopla el turbante de los turcos, antes que la mitra de los latinos! El 29 de mayo de 1453, la capital del Imperio de Oriente caía en poder de los turcos.

Tras la caída de Imperio de Oriente, las papas pretendieron sin éxito unir de nuevo a los pueblos cristianos en un proyecto de cruzada que liberase a la ciudad de Constantinopla y acabar con el poderío turco. Así, en el año 1455, el papa Calixto III, en el momento de su elección, proclamó: Yo, Calixto III, papa, prometo y juro, aunque para ello tuviera que derramar mi sangre, hacer en la medida de mis fuerzas y con la ayuda de mis venerables hermanos todo lo que resulte posible para reconquistar Constantinopla, que ha sido tomada y destruida por el enemigo del Salvador crucificado, por el hijo del diablo, Mehmet, príncipe de los turcos en castigo por los pecados de los hombres, para liberar a los cristianos que languidecen en la esclavitud, para volver a elevar la fe verdadera y exterminar en Oriente a la secta diabólica del infame y pérfido Mehmet. (…) Si alguna vez te olvido Jerusalén, que mi diestra caiga en el olvido, que mi lengua se paralice en mi boca si no me acordase ya de ti, Jerusalén, si ya no fueras el comienzo de mi alegría. ¡Que Dios me ampare, y su santo Evangelio! Amén.

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Anécdota

Vio Leonardo de Vinci, en un templo de Roma, a un joven cantor llamado Pedro Bandinelli cuyo rostro dejaba traslucir tal candor e inocencia, que lo escogió por modelo para pintar en su célebre “Última Cena” la figura del Discípulo Amado, san Juan Evangelista. Algunos años más tarde se encontró Leonardo en la calle con un mendigo estropeado, el cual reflejaba en su demacrado semblante una malicia tan diabólica, que pensó en que le sirviera de modelo para la cara de Judas. Le prometió una buena cantidad de dinero si se prestaba a ello. Y cuando para observar más el contraste le puso al lado de san Juan, dijo sollozando el mendigo: También serví yo de modelo; pero entonces era un buen joven; ahora en cambio soy un perdido, entregado a la bebida y al vicio.

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