Día 2 de junio


2 de junio

Memoria libre de san Marcelino y de san Pedro

San Marcelino, presbítero, y san Pedro, exorcista, mártires, acerca de los cuales el papa san Dámaso cuenta que, durante la persecución bajo Diocleciano, condenados a muerte y conducidos al lugar del suplicio, fueron obligados a cavar su propia tumba y después degollados y enterrados ocultamente, para que no quedase rastro suyo, pero más tarde, una piadosa mujer llamada Lucila trasladó sus santos restos a Roma, en la vía Labicana, dándoles digna sepultura en el cementerio ad Duas Lauros. (c. 304) (Martirologio Romano).

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Oraciones

Bendita sea tu pureza

En cierta ocasión, un profesor de Universidad estaba explicando las distintas clases de poesía, según el número de versos y su métrica. Desde la cátedra, el profesor no dejó en ningún momento de la explicación de ridiculizar la virtud de la pureza. Más que una lección de literatura era una apología de las más bajas inclinaciones del hombre, en la que no escatimó palabras soeces. En un momento determinado explicó la composición poética llamada décima o espinela. Y a continuación preguntó a los alumnos que estaban en la clase si alguno sabía poner un ejemplo de décima o espinela. Se levantó rápidamente un alumno y comenzó a decir:

Bendita sea tu pureza

y eternamente lo sea,

pues todo un Dios se recrea

en tan graciosa belleza.

A ti, celestial Princesa,

Virgen Sagrada, María,

yo te ofrezco en este día

alma, vida y corazón.

Mírame con compasión,

no me dejes Madre mía.

Y recitó la oración completa. El profesor enrojeció de vergüenza por la lección que le había dado aquel alumno, que sin faltarle el respeto y con una valentía serena le hizo ver su equivocada conducta.

Explicación del Bendita sea tu pureza

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea. La pureza es una virtud eminentemente positiva, que hace a la persona que la vive grata a Dios. Es la virtud de la belleza…, de la blancura del alma. Es una virtud sublime que cautiva al Creador. Eleva al hombre hacia las cosas divinas. Espiritualiza y engrandece.

Estos dos versos son una alabanza a María. Concebida sin mancha, siempre fue pura y limpia más que el sol. Nunca la más pequeña imperfección ensombreció su belleza y hermosura inmaculada. Nadie como Ella vivió -ni vivirá- con tanta delicadeza la pureza.

Pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. La Virgen María es la obra maestra de la Creación. Ella es toda blancura, sin mancha posible. Reina de la luz…, que no tiene menguantes como la luna…, ni ocasos como el sol…, sino siempre luz…, toda luz, sin mezcla de sombra de ninguna clase. Más que Ella sólo Dios. Dios la enriqueció con toda clase de virtudes y dones. El Creador se complace en la variedad y hermosura de las virtudes de Santa María. Y especialmente la Pureza de la virgen recrea y enamora al mismo Dios.

A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada, María. El alma se dirige a María, recordándole su realeza y su virginidad.

Reina de cielos y tierra. Coronada por el mismo Dios con la Triple Corona: del Poder, de la sabiduría y del Amor.

Y Virgen. La virginidad es la flor predilecta de Santa María, de tal suerte, que esta virtud es la que la denomina con el nombre de la Virgen. No se llama a María “la humilde…, ni la obediente” etc., aunque fue todo eso y modelo acabadísimo de todas las virtudes…; en cambio, se le dice la “Virgen” y parece que ya está dicho todo con llamarla de esa manera.

Yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón. Es el ofrecimiento que el hombre hace de su ser a María, Madre nuestra por designio divino.

Desde hoy, que es el primer día del resto de mi vida que a cada uno le queda, sin perder un instante más, ofrece el hombre aquello que más aprecia: el alma con sus facultades, inteligencia y voluntad; su propia vida, regalo inmenso de Dios; y el corazón, para que la Virgen lo tome y le alcance la gracia de conservarlo limpio, y así gozar en la eternidad de la visión de Dios.

Mírame con compasión. Es una petición de misericordia que hace el alma, con la seguridad de ser atendida por María, porque Ella es Madre, y la mejor de las madres, que siempre está pendiente de sus hijos y se compadece de ellos.

No me dejes, Madre mía. Lleno de confianza en el poder y en la bondad de Santa María, y sabiendo que como Madre buena, oye los ruegos de sus hijos, le suplica el alma con todo el fervor del corazón que no le deje de su mano, porque si Ella le deja se perderá para siempre. Es la súplica final. ¡No me abandones y dame fortaleza, Santa Madre de Dios!

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