Día 15 de junio

15 de junio

Memoria libre de santa María Micaela del Santísimo Sacramento

 

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento Desmaisières, virgen, fundadora del Instituto de Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que en Valencis, ciudad de España, con tenaz empeño e inflamada en el deseo de ganar almas para Dios, consagró su vida a hacer volver al buen camino a las jóvenes y a las meretrices. (1865) (Martirologio Romano).

 

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Ecologismo cristiano

 

El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos de la tierra y su misma vida. En la raíz de la insensata destrucción del ambiente natural hay un error antropológico, por desgracia muy difundido en nuestro tiempo. El hombre, que descubre su capacidad de transformar y, en cierto sentido, de “crear” el mundo con el propio trabajo, olvida que este se desarrolla siempre sobre la base de la primera y originaria donación de las cosas por parte de Dios. Cree que puede disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola a su voluntad como si ella no tuviese una fisonomía propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar. En vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza, más bien tiranizada que gobernada por él (San Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in America, n. 37).

 

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Ecología moral

 

Hoy se habla mucho de ecología, es decir, de la purificación del ambiente físico donde se desarrolla la vida del hombre: ¿Por qué no preocuparnos también de una ecología moral, donde el hombre pueda vivir como hombre y como hijo de Dios?

 

Al ver el atardecer temprano de vidas jóvenes -sumergidas en el mar de la vaciedad y en fango de la impureza, perdida la razón de su propio vivir-, con el alma hecha añicos, no queda más remedio que purificar este ambiente nauseabundo de nuestros parques, calles y plazas, ahora que algunos se empeñan en convertirlos en prostíbulos al aire libre. Hay que cristianizar las diversiones y los lugares de veraneo, cuando para muchos diversión es sinónimo de pecado y las playas lugar de exhibicionismo de cuerpos prácticamente desnudos. Es preciso que en el medio ambiente haya aires verdaderamente puros para oxigenar las ansias de vida casta del corazón de los jóvenes; aire limpio para purificar al mundo que en sus estructuras se refleja la huella del pecado; brisa fresca para despertar a una naturaleza viva encaminada en su profundo letargo hacia la corrupción. Entonces habrá vida, mucha vida -pero vida de gracia y no de muerte-, para los que llevan en el alma la lepra de los pecados carnales, la lepra que conduce a una vida de muerte.

 

Para ello se cuenta con el poder de la gracia -medicina vivificadora de Dios- que sana las enfermedades del alma, que da vida a lo que ya huele a podrido, que limpia al corazón humano de la podredumbre de la carne.

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