Día 18 de junio

18 de junio

 

Liturgia

 

Vestiduras sagradas del sacerdote para la Misa

 

Los ornamentos que usa la Iglesia para la celebración de la Santa Misa tienen su origen en los vestidos que solían llevar los griegos y romanos en los comienzos del cristianismo. Los sacerdotes católicos llevaban, para celebrar, aquellos mismos vestidos, poniéndose siempre los más ricos y preciosos.

 

La Iglesia ha conservado esos mismos vestidos; pero, naturalmente, a través de los siglos han sufrido notables modificaciones, aunque conservando en algo su forma primitiva.

 

Sabido que estos ornamentos no tienen, históricamente hablando, el significado espiritual que les atribuyen algunos devocionarios. El simbolismo es el siguiente:

 

El amito, el lienzo con que fue cubierto el rostro de Jesús.

El cíngulo, las cuerdas con que fue atado en el huerto.

El alba, la vestidura blanca que le hizo poner Herodes.

El manípulo, las ataduras de las manos al ser azotado.

La estola, las sogas con que era arrastrado al Calvario.

La casulla, la púrpura que le pusieron en casa de Pilato.

 

El manípulo sólo se puede usar cuando se celebra la santa Misa en la forma extraordinaria, es decir, según el rito de san Pío V, el rito anterior al de la reforma propiciada por el Concilio Vaticano II.

 

El amito. Tiene su origen en un paño de forma rectangular que usaban los hombres y mujeres por razón de salud e higiene. Cubría el cuello. El sacerdote, antes de ponerlo sobre sus hombros, lo pone en su cabeza. Recuerda la defensa que hay que hacer frente a los enemigos del alma.

 

El alba. Es uno de los más importantes ornamentos litúrgicos. Proviene de la antigua túnica romana. Significa pureza de corazón según se expresaba con toda claridad en la oración que decía el sacerdote al ponérsela para celebrar la Santa Misa.

 

El cíngulo. Entre los antiguos era el complemento imprescindible de la túnica. Forma parte de los ornamentos litúrgicos por razones de estética y necesidad de ceñirse el alba. Simboliza la mortificación necesaria para luchar contra las pasiones.

 

La estola. Tiene su origen en una faja o banda que algunos llevaban como adorno o señal de autoridad. La Iglesia pedía, al imponérsela el sacerdote, la inmortalidad, perdida por el pecado.

 

La casulla. Es el ornamento exterior más importante de todos. Era en los primeros tiempos una pieza de tela con una abertura en el centro, y que cubría con gran holgura todo el cuerpo. La casulla recuerda el suave yugo de la ley del Señor y simboliza la caridad.

 

Tradicionalmente el sacerdote decía las siguientes oraciones al revestirse para la Santa Misa.

 

Amito. Impón, Señor, sobre mi cabeza el yelmo de salud, para combatir las asechanzas diabólicas.

 

Alba. Purifica, Señor, y limpia mi corazón, para que purificado con la sangre del Cordero merezca el gozo sempiterno.

 

Cíngulo. Cíñeme, Señor, con el cíngulo de la pureza y extingue en mis miembros el humor libidinoso, para que permanezca en mí la virtud de la continencia y castidad.

 

Estola. Devuélveme, Señor, el estado de inmortalidad, que perdimos con el pecado de nuestros primeros padres. Y, aunque indigno de acercarme a tu sagrado misterio, concédeme la eterna gloria.

 

Casulla. Señor, que dijiste: mi yugo es suave y mi carga ligera; haz que lo lleve de tal manera, que me haga digno de conseguir tu gracia. Amén

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