Día 28 de junio

28 de junio

 

Memoria obligatoria de san Ireneo

 

Memoria de san Ireneo, obispo, que, como atestigua san Jerónimo, de niño fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y custodió con fidelidad la memoria de los tiempos apostólicos. Ordenado presbítero en Lyon, fue el sucesor del obispo san Potino y, según cuenta la tradición, murió coronado por un glorioso martirio. Debatió en muchas ocasiones acerca del respeto a la tradición apostólica y, en defensa de la fe católica, publicó un célebre tratado contra la herejía. (c. 200) (Martirologio Romano).

 

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Santa María, corredentora con su Hijo

 

El Magisterio de la Iglesia considera que la Virgen fue especialmente asociada con Jesucristo a la redención del género humano. Al decir que sí –con todo su corazón- al ofrecimiento de Dios se asoció como nadie a los méritos redentores de Jesús, y todos los actos de su vida tuvieron ya valor corredentor. Pero fue junto a la Cruz de Jesús donde María principalmente ejerció su misión corredentora. En efecto, en comunión con si Hijo doliente y agonizante soportó el dolor y casi la muerte; abdicó de los derechos de madre sobre su Hijo, para conseguir la salvación de los hombres, y para apaciguar la justicia divina, en cuanto dependía de Ella, inmoló a su Hijo, de suerte que se puede afirmar con razón que redimió con Cristo al linaje humano (Benedicto VI, Carta apostólica Inter Sodalicia).

 

El Concilio Vaticano II enseña: Y así también la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe, mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz, donde estuvo a pie firme no sin designio divino; padeció profundamente junto con su Unigénito, y se asoció a Su sacrificio con corazón materno, dando su consentimiento amoroso a la inmolación de la víctima nacida de ella (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 58).

 

Las palabras del anciano Simeón que le fueron dirigidas a la Virgen anunciaban que María sufrirá en unión con Cristo, que habría de estar íntimamente unida a la obra redentora de su Hijo. La espada que traspasará el alma de la Madre expresa la participación de ésta en la pasión del Señor con un dolor inenarrable.

 

El Señor sufrió en la Cruz por nuestros pecados; también son los pecados de cada uno los que han forjado la espada de dolor de nuestra Madre. En consecuencia tenemos un deber de desagravio no sólo con Dios, sino también con su Madre, que es también Madre nuestra.

 

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Anécdota

 

El padre de san Carlos Borromeo distribuía copiosas limosnas. Un amigo le dijo que iba a empobrecer a sus hijos. A lo cual respondió el generoso bienhechor: Yo tendré cuidado de los hijos de Dios, y Dios tendrá cuidado de los míos.

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