Día 29 de junio

29 de junio

 

Solemnidad de san Pedro y de san Pablo

 

Solemnidad de san Pedro y san Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y heramno de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración. (s. I) (Martirologio Romano).

 

*****

 

Cuenta la tradición…

 

Según una antigua tradición (que ha tenido magnífica expresión literaria en una novela de Henryk Sienkiewicz), durante la primera persecución contra los cristianos, decretada por Nerón, los cristianos aconsejaron a san Pedro que abandonase Roma. El primer papa, después de dudar mucho decidió seguir este consejo.

 

El Apóstol acompañado por un joven llamado Nazario se alejaba, silencioso y sumido en el dolor, de la capital del Imperio a través de la campiña romana. De pronto le pareció que el sol venía hacia ellos.

¡Mira, Nazario!

¿Qué ocurre, señor? ¿Qué pasa? No distingo bien…

¿No ves esa claridad que se acerca?

No veo nada, padre.

¡Es un hombre! ¡Un hombre que viene hacia nosotros, envuelto en los fulgores del sol!

 

A continuación san Pedro cayó de rodillas y de sus labios brotaron estas palabras: ¡Cristo! ¡Cristo! Y tras un breve silencio murmuró, entre sollozos: Quo vadis, Domine? (¿A dónde vas, Señor?)

 

San Pedro escuchó entonces una voz dulce y triste que decía: A Roma, puesto que tú huyes, para que me crucifiquen de nuevo en tu lugar.

 

San Pedro comprendió enseguida que su lugar estaba en Roma. Se levantó y, en silencio, dio la vuelta hacia la ciudad de las Siete Colinas. Nazario, que no había visto ni oído nada, sorprendido, preguntó: Quo vadis, Domine?

¡A Roma, hijo mío!, respondió san Pedro.

 

*****

 

Anécdota

 

El emperador Carlos V estaba un día orando cuando le anunciaron que quería hablarle un embajador, el cual tenía asuntos importantes que comunicarle. Decidle -replicó- que estoy con otro asunto más importante. Me ha recibido en audiencia el Rey de reyes.

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