Día 1 de julio

1 de julio

Efemérides

Tal día como hoy del año 1962, san Juan XXIII, mediante la encíclica Paenitentiam agere, pidió a los fieles católicos oraciones y sacrificios por el éxito del Concilio Vaticano II, cuyo inicio había fijado el 11 de octubre de ese mismo año.

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Tradición asiática

El cardenal vietnamita Nguyen van Thuân, en su libro Testigos de esperanza, escribió: Según una antigua tradición asiática, en la corte imperial cada año se escribía la historia del reino. Dos altos ministros del emperador se encargaban de ello. El uno tenía que poner por escrito las cosas buenas que habían ocurrido en el reino; el otro tenía que hacer una lista de todo lo negativo que había sucedido. Pero ninguno de los dos sabía lo que escribía el otro. En una audiencia especial y pública, a comienzos del año nuevo y ante la corte imperial, ambos redactores tenían que leer su balance. Todos esperaban conocer la verdad contrastando los dos informes. Después de haber escuchado las crónicas, el emperador, dirigiéndose a la corte, decía: “Quien tenga entre vosotros algo que decir, que lo diga”. Así fue como un día el emperador invitó a todos a expresar su opinión. Pero nadie se atrevía a hablar. Reinaba el más absoluto silencio. De repente se oyó a alguien gemir y llorar. Entonces el emperador preguntó: “¿Quién llora? El que está llorando venga ante mí y hable”. Salió un mandarín, hizo la triple reverencia ante el emperador y dijo con mucho respeto: “Majestad, nadie en esta corte se atreve a decir la verdad. ¡Temo que nuestra nación esté en peligro y se derrumbe!”

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El 12 de mayo de 2014, en un audiencia el papa Francisco decía a los estudiantes de los colegios pontificios y residencias sacerdotales de Roma: Nunca, nunca hablar mal de los demás. Si tengo algo contra otro, o que no estoy de acuerdo: ¡en la cara! Pero nosotros clérigos tenemos la tentación de no hablar en la cara, de ser demasiado diplomáticos, ese lenguaje clerical… Pero, nos hace mal, ¡nos hace mal! Recuerdo una vez, hace 22 años: había sido apenas nombrado obispo, y tenía como secretario en ese vicaría -Buenos Aires está dividida en cuatro vicarías-, en esa vicaría tenía como secretario a un sacerdote joven, recién ordenado. Y yo, en los primeros meses, hice algo, y tomé una decisión un poco diplomática -demasiado diplomática-, con las consecuencias que vienen de esas decisiones que no se toman en el Señor, ¿no? Y al final dije: “Pero mira qué problema este, no sé cómo arreglarlo…” Y él me miró en la cara -¡un joven!- y me dijo: “Porque ha hecho mal. Usted no ha tomado una decisión paterna”, y me dijo tres o cuatro cosas de esas fuertes. Muy respetuoso, pero me las dijo. Y luego, cuando se marchó, pensé: “A éste no lo alejaré nunca del cargo de secretario: ¡éste es un verdadero hermano!” En cambio, los que te dicen las cosas bonitas delante y luego por detrás no tan bonitas…

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