Día 6 de julio

6 de julio

Memoria libre de santa María Goretti

Santa María Goretti, virgen y mártir, que en el transcurso de una infancia difícil, ayudando a su madre en las labores de la casa, se distinguió ya por su piedad. Cuando no contaba más de doce años, murió en defensa de su castidad, a causa de las puñaladas que le asestó un joven que intentaba violarla cuando se hallaba sola en su casa, cercana a la localidad de Nettuno, en la región del Lacio, en Italia. (1902) (Martirologio Romano).

*****

Semblanza

Mártir de la pureza

En la gloria de Bernini

Todos los años santos son de una gran actividad para los papas. Aparte del trabajo cotidiano y ordinario de un pontífice, debe recibir en audiencia a los numerosos grupos de peregrinos que acuden a la Ciudad Eterna para ganar el jubileo, y participar en los acontecimientos propiamente jubilares que se celebran. Pío XII no fue una excepción. En el Año Santo de 1950 el papa Pacelli tuvo un trabajo extraordinario, pues además de los actos programados con motivo del Jubileo, asistió a las solemnes ceremonias anuales de la Iglesia en las que se requiere la presencia del Romano Pontífice. Una de las más espectaculares de aquel año fue la celebración de la solemnidad de Pentecostés.

Aquélla fue la ocasión elegida por Pío XII para celebrar uno de los ritos más impresionantes de la Iglesia Católica: una canonización. En la Plaza de San Pedro y ante una multitud de fieles, el Papa proclamó que en honor de la Santa e Indivisa Trinidad, por la exaltación de la Iglesia y el crecimiento de la religión cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de la Nuestra; después de madura deliberación y haber implorado frecuentemente la Ayuda Divina; con el consejo de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, los Patriarcas, Arzobispos y Obispos presentes en la Ciudad, Nos decretamos y definimos a María Goretti como Santa y la inscribimos en la lista de los Santos, disponiendo que su memoria sea recordada cada año con piadosa devoción. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Con esa solemne canonización, el Pontífice quiso proponer a la nueva santa como modelo de pureza, en una época de creciente materialismo, en la que muchos habían perdido el amor a esta virtud.

La joven italiana que había sido elevada a la gloria de los altares aquel 24 de junio de 1950 había muerto mártir por defender su pureza el 6 de julio de 1902.

Un hogar pobre

La vida de María Goretti apenas ofrece apoyo externo para una narración. Nació el 16 de octubre de 1890 en el seno de una familia de campesinos. Al día siguiente fue bautizada en la Iglesia parroquial de San Francisco de la ciudad que la vio nacer, Corinaldo. En la pila bautismal le pusieron los nombres de María y Teresa. Era hija -el tercer vástago- del matrimonio formado por Luis Goretti y Assunta Carlini que, además de Marietta, nombre familiar de la futura santa, tuvieron otros seis hijos: Tonino, Ángel, Alejandro, Mariano, Ersilia y Teresa.

Los Goretti vivían en Corinaldo (Ancona), una ciudad a unos 30 kilómetros de Senigallia (Italia). Eran gente humilde que padecían estrecheces económicas, pero con formación cristiana y poseían los valores propios de la cultura urbana de las Marcas de finales del siglo XIX. Trabajaban en una granja y un caserío como aparceros en Pregiana, un pueblo muy cercano de Corinaldo.

Cuando está a punto de cumplir seis años, el 4 de octubre de 1896, Marietta, en la misma iglesia en que recibió las aguas del bautismo fue confirmada por monseñor Julio Boschi, obispo de Senigallia. En los años de la infancia de María no hubo nada de particular, según el testimonio de su madre: Pasó su niñez como todos los demás niños. Recibió la educación solamente en la familia, de mi marido y especialmente de mí; educación que impartíamos igualmente a los demás hijos para que crecieran como buenos cristianos… Mientras que permanecimos en Corinaldo fue siempre buena, pero no advertí nada extraordinario en su conducta.

El duro camino de la emigración

Los agobios económicos de la numerosa familia y la expiración del contrato con el propietario de las tierras que cultivaban obligaron a los Goretti a emigrar. Un amigo del padre, apellidado Bracceschi, que había hecho una pequeña fortuna en el Agro Romano, le habló a Luis de trasladarse a aquella zona, donde había grandes latifundios cuyos propietarios pertenecían a la nobleza y a la burguesía romana. Y en octubre de 1897, cuando Marietta tiene sólo siete años, la familia emigró a Colle Gianturco, junto a Palliano, al sur de la capital. Toda la familia experimentó lo duro que es recorrer el camino de los emigrantes cuando se deja atrás parte de la vida de uno. Un sendero que habitualmente va acompañado de lágrimas y pobreza, aunque también de la esperanza de encontrar una tierra mejor o un trabajo más remunerado.

Allí, en la campiña romana, los Goretti encontraron el modo de ganarse la vida trabajando de nuevo como aparceros en una granja agrícola propiedad del senador Scelsi. También se habían instalado en aquel lugar Juan Serenelli y su hijo Alejandro, que se convirtieron en socios de Luis Goretti.

Al cabo de un año, las expectativas de mejorar sensiblemente las condiciones de vida, tal como les había anunciado Bracceschi, no se habían cumplido. Y continuaron los apuros económicos para la familia de Marietta. Sin embargo, Luis Goretti habría continuado en aquel lugar algún tiempo más si una fuerte discusión entre su socio, Juan Serenelli, y el propietario de la granja, no se hubiera producido. Como resultado de aquella disputa, el senador Scelsi despidió tanto a los Serenelli como a los Goretti.

En febrero de 1899, de nuevo Luis y Assunta con sus hijos tuvieron que emigrar. Esta vez, aconsejados por un amigo llamado Cimarelli, se establecieron en Le Ferriere di Conca, corazón de Paludi Pontine, a 11 kilómetros de Nettuno.

Fortaleza ante la adversidad

En La Ferriere los Goretti y los Serenelli se instalaron como colonos del conde Attilio Mazzoleni. Éste les ofreció una casa y un contrato de aparceros. La tierra era buena para el cultivo, pero el clima era extraordinariamente malsano e insalubre, pues formaba parte de la región pantanosa del Agro Pontino, tradicionalmente infestado por la malaria.

Ambas familias se establecieron en el mismo caserío, llamado Cascina Antica, una construcción sólida de mampostería, con grandes ventanas y anchas paredes. El edificio tenía dos dependencias separadas, en la de la izquierda se colocaron los Goretti y en la otra, a la derecha de la puerta de entrada, los Serenelli. A las dos viviendas se subía por una sola escalera exterior. Además, la cocina era común para las dos familias. También vivían en Conca, en un caserío cercano, los Cimarelli. Pronto surgió una sincera amistad entre éstos y los Goretti.

En el nuevo asentamiento renacieron las ilusiones y esperanzas de un futuro mejor, pero desgraciadamente éstas pronto se esfumaron. Al cabo de poco más de un año, el 6 de mayo de 1900, Luis Goretti murió de malaria cuando sólo contaba 41 años de edad y quedó la madre de Marietta sola con sus hijos, el mayor de 13 años. Tiempo después recordaba Assunta: En aquel campo dominaba la malaria y no eran pocos los que sucumbían, tanto que el patrón Mazzoleni tenía preparados varios ataúdes.

La muerte del padre fue toda una tragedia para la familia que pudo haber causado la ruina inmediata para los Goretti, pero Assunta se creció ante la adversidad reaccionando con fuerza y adversidad. Dada la extrema pobreza de la familia, Assunta ocupó el puesto de su marido y se dedicó a las faenas agrícolas que aquél realizaba. También a Marietta le correspondió trabajar en el campo como un hombre, pero además se la arreglaba para dedicarse también en las tareas domésticas. Mamá -dijo un día a su madre-, no te preocupes, el buen Dios no nos abandonará.

Una buena cristiana

La nueva situación familiar hizo madurar mucho a Marietta, y lo hizo con el frescor de una muchacha y la fuerza de una mujer. Para ella lo primero era ayudar a su madre a sacar adelante las labores caseras, como atender la casa, transportar el agua, preparar la comida para los trabajadores, vender huevos y otros productos que daba la granja, por lo que no participaba en diversiones ni acostumbraba salir con sus amigas, suponiéndole un aislamiento que ella aceptaba. Con esta disposición de servicio se ocupó principalmente de sus hermanos menores, a los que educó con cariño, ayudándoles en todo y, cuando era preciso, corrigiéndoles.

A pesar de su corta edad, mostró una tenacidad y de una fe inquebrantable en la aceptación de la vida cotidiana, que para ella estaba llena de dificultades y amarguras, pero también sabía ver en medio del dolor la alegría de servir a los demás.

Era una chica piadosa, de vida espiritual sencilla y profunda, que en los momentos más difíciles supo abandonarse en las manos de la Providencia. Tenía un amor grande a Jesucristo y a la Santísima Virgen. Su madre dio de ella el siguiente testimonio: Deseaba aprender las cosas de la fe, y muchas veces me pidió que le hablara al respecto. No recuerdo que faltara a la santa misa y, aun sin saber leer, se aprendió de memoria el avemaría, el padrenuestro y las demás oraciones y, sobre todo, el santo rosario, que le resultaba tan indispensable como el aire que respiraba.

El 16 de junio de 1901, hizo su primera comunión llena de alegría, cuando sólo tenía diez años, una edad temprana para aquella época, en que lo normal era hacerla con doce, trece o más años. Para su primer encuentro con Jesús en la Eucaristía se había preparado con fervor. Aquel día prometió a su madre: Mamá, seré más buena.

Los Serenelli

Juan Serenelli era un hombre con un carácter bastante autoritario e insensible ante las necesidades de los demás. Se había aficionado a la bebida y su conducta moral dejaba mucho que desear, por lo que sus relaciones con los Goretti no habían sido nunca amistosas, sino más bien tensas. Y la convivencia entre las dos familias en Cascina Antica se iban haciendo cada vez más difícil.

El hijo -Alejandro- era un joven cercano a cumplir veinte años, parecido en algunos aspectos a su padre. Además era algo inquieto y problemático. Al principio había mostrado una conducta correcta, pero luego empezó a fijarse demasiado en María, al mismo tiempo que se daba a lecturas deshonestas. Su actitud con respecto a la muchacha fue haciendo cada vez más ambigua. Nunca Marietta dio motivo alguno, como el mismo Alejandro habría de declararlo más adelante. La niña era muy modesta y miradísima en el vestir. Aún no tenía 12 años, pero su desarrollo físico superaba lo que podría esperarse en su edad.

En el corazón de Alejandro Serenelli se encendió una brutal pasión. Áspero, desairado y descontento, comenzó a hacer extrañas propuestas a María. Tentó a la chica por dos veces y ella, aun no entendiendo enteramente de qué se trataba, le rechazó. En declaración posterior, Alejandro confesó: Yo cohabitaba con la familia Goretti y nada menos que dos veces en el mes de junio intenté inducirla a acceder a mis deseos. Es verdad que más o menos un año antes le hice a María una primera propuesta de actos carnales a la que no quiso consentir. Desde la primera vez conminé a la muchacha que no dijera nada a su madre, y se lo dije con severidad, de modo que ella quedó atemorizada.

María no comentó lo sucedido con Assunta, quizás para no agravar la tirantez existente entre ambas familias, que podrían dar lugar a graves alteraciones en el caserío.

El martirio

A partir de entonces la joven Marietta, angustiada, evitaba por todos los medios el quedarse sola con Alejandro e intensificó sus oraciones. La vida de piedad que tenía, fundamentada en la fe recibida en su niñez y cultivada en los aún pocos años de su existencia, le había dado una sensibilidad exquisita respecto a aquello que juzgaba no debía consentirse.

El 5 de julio de 1902 fue el tercer asalto del muchacho. La ocasión la encontró Alejandro al estar la casa vacía, pues todos -los Goretti y los Serenelli- estaban trillando habas en la era cercana a Cascina Antica. Solamente se había quedado Marietta, que en el rellano del caserío cosía una camisa que el joven Serenelli le había pedido que la remendase urgentemente, con el secreto designio de que la muchacha permaneciese allí. Con una excusa Alejandro dejó el trabajo y se dirigió a la casa. La niña se intranquilizó al verle llegar, y más ante sus requerimientos, que ella resistió. El chico intentó entonces forzarla, forcejeando con ella; y al ver que no conseguía nada, cogió un hierro afilado y se ensañó con su tierna víctima, que prefirió la muerte antes que pecar.

Según el mismo Alejandro Serenelli, la muerte de María Goretti sucedió así: … me acerqué a María y la invité a entrar en casa. Ella no me respondió, ni se movió siquiera. Entonces la agarré casi brutalmente por un brazo y, al resistirse, la arrastré dentro de la cocina, que era la primera dependencia de la entrada… Ella intuyó inmediatamente que yo quería repetir el intento de las dos veces anteriores y me decía: “No, no. ¡Dios no lo quiere! Si haces eso, irás al infierno”. Yo entonces, viendo que no quería consentir de ningún modo a mis brutales deseos, me puse furioso y tomando un punzón empecé a golpearla en el vientre, como se maja el maíz… Recuerdo perfectamente que María, cuando le levanté los vestidos, trataba de cubrirse, y esto lo hizo varias veces, exclamando: “¿Qué haces, Alejandro? ¡Irás al infierno…!” Recuerdo haber visto sangre también en sus vestidos y haberla dejado mientras ella se revolvía, pero comprendí perfectamente que la había herido de muerte. Arrojé el arma tras el arcón y me retiré a mi habitación; me cerré dentro y me tumbé en la cama.

María fue socorrida inmediatamente, pero dada la gravedad de las lesiones, cinco horas después de la agresión fue llevada en una ambulancia al hospital de los Hermanos de San Juan de Dios de Nettuno, donde se la sometió a una operación dolorísima, sin anestesia. Ella sufrió todo con resignación cristiana mientras invocaba a la Virgen, y murió al día siguiente, pues la septicemia que se le había provocado siguió implacablemente su curso. En el certificado de defunción se escribió que la causa de la muerte fue la peritonitis séptica provocada por las heridas y la grave hemorragia. Los médicos del hospital pudieron apreciar 14 heridas que le traspasaron el vientre y el pecho, y cuatro pequeñas contusiones.

Antes de morir Marietta, al igual que protomártir san Esteban y todos los mártires, tuvo el mismo gesto de Cristo cuando era crucificado. Al ser preguntada explícitamente si perdonaba a su agresor, respondió: Sí, por amor de Jesús lo perdono, y quiero que venga conmigo al paraíso. Después de recibir los santos sacramentos y demás auxilios de la religión, y de ser inscrita en las Hijas de María, entregó santamente su alma a su Creador. En octubre de ese año habría cumplido 12 años.

Arrepentimiento de Alejandro

El agresor confesó de lleno su crimen, y se arrepintió de aquel acto de locura. Fue condenado a 30 años de cárcel, pero su buen comportamiento le valió para le rebajasen su condena. También obtuvo el perdón de la misma familia Goretti. Al salir de la cárcel, una noche de Navidad, la de 1938, acudió a la casa rectoral de Nettuno donde servía Assunta. Volvió a pedir perdón, y aquella noche, en la Misa del Gallo, comulgó juntamente con la madre de la santa.

El resto de sus días vivió de manera ejemplar como lego en el convento de los capuchinos de Macerata. Murió el 6 de mayo de 1970.

Glorificación

El 1 de junio de 1938, gracias sobre todo al interés de los pasionistas, se abrió la causa para el reconocimiento de la santidad de Marietta. El 25 de marzo de 1945 el papa Pío XII reconoció su martirio y un mes después, el 27 de abril, fue beatificada. El 24 de junio de 1950 tuvo lugar la canonización ante una muchedumbre inmensa. Assunta Carlini tuvo el extraordinario privilegio de presenciar desde una ventana del palacio apostólico la solemne ceremonia de la glorificación de su hija María. La fiesta de Santa María Goretti se celebra en la Iglesia Católica el 6 de julio. Los restos de la santa mártir reposan en la capilla que se le ha dedicado en el santuario de Nuestra Señora de las Gracias y de Santa María Goretti en Nettuno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s