Día 10 de julio

10 de julio

Curiosidades y costumbres del Pontificado.

Palabras de aceptación

Cuando al cardenal Pecci, al terminar el tercer escrutinio del cónclave de 1878, se le preguntó ¿Aceptáis vuestra elección, hecha según los cánones sagrados, como Soberano Pontífice?, respondió: Mis colegas han considerado un deber nombrarme y yo me conformo con la voluntad de Dios. Acepto. Desde el momento de la aceptación Joaquín Pecci pasó a ser León XIII.

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Cuando en 1903 fue elegido papa el cardenal Sarto, el cardenal Decano del Sacro Colegio se acercó al sitio donde se encontraba el cardenal Sarto para recibir su aceptación: ¿Aceptas la elección que acaba de hacerse de tu persona en calidad de Papa? El elegido contestó: Que ese cáliz se aparte de mí. Sin embargo, que se haga la voluntad de Dios. La contestación no fue considerada válida, por lo que el cardenal Decano insistió: ¿Aceptas la elección que acaba de ser hecha de tu persona en calidad de Papa? Esta vez, el cardenal Sarto respondió: Acepto como una cruz.

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En el cónclave de 1922, cuando le preguntaron al cardenal Ratti si aceptaba la elección que habían hecho los cardenales de su persona para el Pontificado, respondió con voz débil y emocionado: No deseo que puedan decir que he rehusado aceptar sin reserva la voluntad divina; no deseo que puedan decir que he apartado el hombro ante un peso que iba a pesar sobre mi espalda; no deseo que pueda decirse que no he apreciado en su justo valor los votos de mis colegas; por ello, a pesar del profundo sentimiento que tengo de mi indignidad, acepto.

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El cardenal Pacelli fue más escueto en responder a la pregunta ¿Acepta tu elección al Sumo Pontificado, que acaba de efectuarse según las reglas canónicas? Con un débil susurro contestó: Vuestros sufragios son la voluntad de Dios. Acepto. Encomiendo mi debilidad a vuestras oraciones. Y en su testamento, Pío XII escribió: Miserere mei, secundum magnam misericordiam tuam. Estas palabras, que consciente de ser indigno e inepto pronuncié en el momento en que di, temblando, mi aprobación a la elección de sumo pontífice, con mucho mayor fundamento las repito ahora, cuando la certidumbre de las deficiencias, de las faltas, de las culpas cometidas durante un pontificado tan largo y en una época tan grave, ha mostrado con mayor claridad a mi mente mi insuficiencia.

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En el cónclave de 1958, cuando se le preguntó al cardenal Roncalli ¿Aceptáis vuestra elección, canónicamente realizada?, el recién elegido papa respondío: Al oír vuestra voz, tiemblo y siento temor, y lo que conozco de mi propia pobreza e insignificancia basta para explicar mi confusión. Pero puesto que en los votos de mis hermanos los cardenales de la Iglesia romana veo el signo de la voluntad de Dios, acepto la elección.

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