Día 12 de julio

12 de julio

Vocabulario

Iglesia

La palabra iglesia procede del griego, y significa: asamblea, convocación. Es la sociedad instituida por Jesucristo para continuar su misión en la tierra; el nuevo Pueblo de Dios convocado por la Palabra y constituido por los Sacramentos, fundado por Cristo y regido por el Papa y los Obispos, que conducen a los fieles cristianos a la salvación bajo la acción del Espíritu Santo.

Las características del Pueblo de Dios

El Pueblo de Dios tienen unas características que le distinguen claramente de todos los grupos religiosos, étnicos políticos o culturales de la historia:

a) Es el Pueblo de Dios: Dios no pertenece en propiedad a ningún pueblo. Pero Él ha adquirido para sí un pueblo de aquellos que antes no eran pueblo: “una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa” (1 P 2, 9).

b) Se llega a ser miembro de este cuerpo no por el nacimiento físico, sino por el “nacimiento de arriba”, “del agua y del Espíritu” (Jn 3, 3-5), es decir, por la fe en Cristo y el Bautismo.

c) Este pueblo tiene por jefe (cabeza) a Jesús el Cristo (Ungido, Mesías): porque la misma Unción, el Espíritu Santo fluye desde la Cabeza al Cuerpo, es “el Pueblo mesiánico”.

d) “La identidad de este Pueblo, es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo”.

e) “Su ley, el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo nos amó (cfr. Jn13, 34)”. Ésta es la ley “nueva” del Espíritu Santo (Rm8, 2;Ga5, 25).

f) Su misión es la de ser la sal de la tierra y la luz del mundo (cfr. Mt 5, 13-16). “Es un germen muy seguro de unidad, de esperanza y de salvación para todo el género humano”.

g) “Su destino es el Reino de Dios, que él mismo comenzó en este mundo, que ha de ser extendido hasta que él mismo lo lleve también a su perfección” (Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 9) (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 782).

Anécdota

Cuando san León I Magno salvó a Roma de Atila, el Emperador Valentiniano III dijo al Papa que le pidiera lo que quisiese. León I respondió: –Sólo quiero que seáis un buen cristiano. –Eso es imposible, afirmó el Emperador. Y el Papa: –Tan imposible como que Atila se fuese sin atacar Roma.

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