Día 17 de julio

17 de julio

Coronación de la Santísima Virgen María

Salve, Reina del cielo; salve, Señora de los ángeles; salve, raíz y puerta, que has dado origen a la Luz del mundo (Antífona Ave, Regina caelorum). Coronada de gloria -como aparece en el último Misterio glorioso- María resplandece como Reina de los Ángeles y de los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica de la Iglesia (San Juan Pablo II, Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, n. 23).

La corona y el cetro son atributos de realeza, símbolo de victoria y de dominio. Al considerar la coronación de la Santa María vemos a la Santísima Trinidad que con sus más preciados dones así lo verifica. El Padre pone en sus manos el cetro del poder y del dominio sobre todas las criaturas, para que al escuchar el nombre de María, como el de Jesús, se doble toda rodilla, en el cielo, en la tierra y en el abismo. El Hijo ciñe las sienes de su Madre con corona de sabiduría, adornándola de ciencia la más sublime, descubriéndole sus más arcanos secretos y haciéndola participante en las obras que su mano omnipotente ha de realizar a favor de los hombres hasta la consumación de los siglos. El Espíritu Santo adorna a su querida esposa con la diadema del amor purísimo, derramando en su corazón tesoros de dulzura y haciéndola depositaria de sus gracias y canal por donde se nos comunican sus bondades (Rafael de la Corte y Delgado, Novena de Nuestra Señora de la Cinta).

Siendo Reina coronada de cielos y tierra, la Santísima Virgen todo lo puede conseguir de Dios. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia a fin de alcanzar misericordia y hallar el auxilio para ser socorridos en el tiempo oportuno (4, 16), nos exhorta en muchas ocasiones la Iglesia a recurrir a Nuestra Señora, que es Madre compasiva, trono de la gracia. Somos invitados de esta manera a acudir a la Virgen siempre que nos encontremos en dificultad o faltos de fuerzas para superar un defecto. Ella vigila con amor de Madre, pronta a prestarnos mil cuidados; por medio de Ella nos llega la gracia que nos hace victoriosos.

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Anécdotas

Según cuenta la tradición, en el año 1248, sitiada Sevilla por Fernando III el Santo, algunos caballeros cristianos invocaron a la Virgen con la siguiente jaculatoria: Santa María, detén tu día, pidiéndole que les ayudase a vencer a los musulmanes: entonces el sol detuvo su curso y pudieron derrotar a los enemigos. Este hecho es el origen de la advocación de la Virgen de Tentudía, patrona del pueblo extremeño de Monesterio.

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Cuando era joven santa Juana de Chantal le aconsejaron que se casara con un joven noble de la vecindad, que la estaba pretendiendo. La futura fundadora de las Salesas iba a dar su consentimiento, cuando a través de la ventana de su casa vio al joven noble, en el momento que un sacerdote llevaba el Viático a un enfermo. No sólo no se ha puesto de rodillas, –exclamó con indignación la Santa- sino ni siquiera se ha quitado el sombrero. Jamás será mi esposo.

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