Día 30 de julio

30 de julio

Memoria libre de san Pedro Crisólogo

San Pedro, “Crisólogo” de sobrenombre, obispo de Rávena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol, desempeñó su ministerio tan perfectamente que consiguió captar a multitudes en la red de su celestial doctrina y las sació con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región actualmente italiana de Emilia-Romaña. (c. 450) (Martirologio Romano).

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Historia de la Iglesia

Los cuatro primero concilios ecuménicos

Los primeros concilios que se celebraron definieron los principales verdades relativas a la Santísima Trinidad y a la Encarnación del Verbo.

Concilio de Nicea (año 325). En el siglo IV, un presbítero de Alejandría llamado Arrio sostenía que Jesús no era Dios como el Padre, sino sólo una criatura. Su doctrina herética, que contenía errores relativos a Cristo y a la Trinidad, fue condenada por el concilio de Nicea. En este concilio se promulgó el Símbolo Niceno, en el que se definía la Trinidad de las Personas divinas y que el Hijo era de la misma naturaleza que el Padre.

Concilio I de Constantinopla (año 381). También en el mismo siglo IV, Macedonio -obispo de Constantinopla- profesó el mismo error acerca de la divinidad del Espíritu Santo, al afirmar que no era Dios como el Padre y el Hijo. Para rebatir esta herejía, el concilio I de Constantinopla definió como dogma de fe que el Espíritu Santo es Dios, pues procede del Padre y del Hijo. La Confesión de fe o Símbolo Niceno-constantinopolitano es el Credo o Profesión de fe que recitamos los católicos en la misa dominical.

Concilio de Éfeso (año 431). A principios del siglo V, Nestorio -patriarca de Constantinopla- enseñó que en Jesús hay dos personas (una divina y otra humana), por lo que, además de negar la unidad personal de Cristo, afirmó que la Virgen no era Madre de Dios, sino sólo madre de la Persona humana de Jesús. Esta herejía fue rebatoda por san Cirilo de Alejandría y condenada por el concilio de Éfeso. Este concilio definió que en Jesucristo hay una sola Persona, la del Hijo que, siendo Dios, asumió la naturaleza humana. De esta manera, la Virgen María es Madre de Dios.

Concilio de Calcedonia (año 451). A mitad del siglo V, Eutiques -jerarca de Constantinopla- cayó en el error de afirmar que las dos naturalezas (humana y divina) de Jesús están unidas en la misma Persona, que se han fusionado, y no se distinguen entre sí. El concilio de Calcedonia definió solemnemente que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que su naturaleza divina y su naturaleza humana son reales, pues entre ellas no se da confusión, cambio, división, ni separación. Es decir, Jesucristo es, al mismo tiempo, verdadero Dios como el Padre y el Espíritu Santo, y verdadero hombre como nosotros. Perfectus Deus et perfectus homo.

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