Día 3 de agosto

3 de agosto

Efemérides

Tal día como hoy del año 1492, del puerto de Palos de Moguer (hoy día, Palos de la Frontera) zarparon las tres carabelas (Santa María, La Niña y La Pinta) al mando de Cristóbal Colón y los hermanos Pinzón en su viaje descubridor. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo comenzó la epopeya de la evangelización de América.

San Juan Pablo II, en su estancia en Zaragoza en el año 1984, camino de Santo Domingo para iniciar una novena para preparar el V Centenario de la Evangelización de América, dijo: Fue España la que abrió la comunicación entre Occidente y el Continente americano y la que, en gran parte, llevó al mismo la luz de la fe en Cristo, junto con Portugal. En efecto, de Palos de la Frontera partieron las primeras carabelas, de vuestros lares salieron los primeros evangelizadores, a los que tantos otros han seguido hasta nuestros días. He venido a postrarme ante la Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad, para dar gracias a Dios por esa gesta y por la contribución esencial de hombres y mujeres de España en una sin par obra de evangelización.

La obra de evangelización de América constituye una epopeya –gesta, tarea ingente y secular, una de las páginas más bellas en toda la historia de la evangelización llevada a cabo por la Iglesia, según san Juan Pablo II- sólo comparable (aunque por desgracia mucho menos conocida) a la del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. Tan increíbles como las hazañas de Hernán Cortés en el imperio azteca o las de Pizarro en Perú, fueron las correrías apostólicas de santo Toribio Alonso de Mogrovejo, que recorrió a pie o en mula millares de kilómetros a través de montañas y selvas en viajes interminables y que bautizó por sus manos a varios cientos de miles de indios. En 1594 el santo arzobispo de Lima en carta dirigida al rey Felipe II escribía haber recorrido en mula 15.000 kilómetros y confirmado a medio millón de personas. Igualmente, san Francisco Solano, con el más puro estilo franciscano recorrió durante años la Pampa y el Chaco sin más impedimenta que su altar portátil, su crucifijo y su violín.

La evangelización de América fue posible por el esfuerzo y la generosidad de todo un país. En los cuarenta primeros años después de descubrirse el Nuevo Mundo fueron allí cerca de 3.000 religiosos y unos 400 clérigos. A pesar de las deficiencias y flaquezas que hubo -como toda empresa realizada por hombres- en la labor evangelizadora, se trata de una gran obra colosal por sus dimensiones, por la rapidez con que se realizó y por las circunstancias que la acompañaron.

La obra de cristianización de los territorios del Nuevo Mundo fue realizada principalmente por los religiosos. Desde 1493, un año después del Descubrimiento, estaban ya en América los franciscanos y los mercedarios; en 1510 llegaron los dominicos; después, en 1532, los agustinos; y, finalmente, a partir de 1566, los hijos de san Ignacio de Loyola. A estas cinco Órdenes se las considera y denomina Órdenes misioneras americanas, no porque se limitaran a la evangelización del continente americano, sino porque el peso de esta última recayó casi exclusivamente en ellas.

La inmensa mayoría de los religiosos embarcados eran españoles. Casi todos eran sacerdotes, aunque también figuraban en las expediciones estudiantes y hermanos o coadjutores. A pesar de los problemas iniciales, la empresa evangelizadora comenzó con muy buenos augurios.

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