Día 14 de agosto

14 de agosto

Memoria obligatoria de san Maximiliano María Kolbe

Memoria de san Maximiliano María (Raimundo) Kolbe, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales y mártir, que, fundador de la Milicia de María Inmaculada, fue deportado a diversos lugares de cautiverio y finalmente, internado en el campo de exterminio de Auschwitz, cerca de Cracovia, en Polonia, donde se ofreció a los verdugos a cambio de la vida de otro cautivo, ofreciendo su ministerio como un holocausto de caridad y como modelo de fidelidad para con Dios y los hombres. (1941) (Martirologio Romano).

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Preguntas y respuestas

¿Qué malicia tiene el aborto?

El aborto, voluntaria y directamente provocado, es siempre un homicidio, que reviste una especialísima gravedad, pues, además de matar a un ser humano inocente, se le priva de recibir el Bautismo, y la Iglesia enseña que, para los niños antes del uso de razón, no conoce más medio que el Bautismo para que se les perdone el pecado original y, si mueren, puedan ir al Cielo. En cuanto a los niños muertos sin Bautismo (caso de los fetos abortados), la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina.

Hay quienes pretenden que el aborto no sea un crimen, diciendo que el hijo, antes de nacer, es parte del organismo de la madre, de modo que ésta podría disponer de su vida, según su capricho. Sin embargo, esto es falso e insostenible incluso desde el solo punto de vista de la ciencia biológica. Desde el instante de la concepción hay ya un ser humano, que vive temporalmente a expensas de la madre, pero que es distinto de ella y tiene derecho a la vida. La Iglesia pena a quienes cometen o ayudan directamente a cometer este crimen con la excomunión, porque el ser humano, desde el instante de su concepción, ha de ser respetado y protegido de modo absoluto en su integridad. Esta pena de excomunión impide la recepción de los beneficios espirituales de la Iglesia.

En algunos países, se ha llegado incluso a la aberración de permitir legalmente el aborto. Para aprobar estas leyes inicuas, contrarias a la ley natural, suelen dar diversos argumentos: dicen que el aborto sería lícito en caso de que la madre hubiera concebido al hijo sin quererlo; o en caso de que hubiera peligro de que naciera con algún defecto físico; o con el fin de impedir que se practique el aborto clandestino, en condiciones que pueden representar un peligro para la vida de la madre, etc. Sin embargo, en todos los casos la respuesta es la misma: el niño concebido en el seno materno es un ser humano que tiene derecho a la vida y nada puede justificar quitársela. Incluso en el caso de que se tema que pueda nacer con algún defecto físico, no es lícito matarlo, como no lo es matar a los ya nacidos que tienen esos mismos defectos.

¿Qué dice la Iglesia sobre la protección de los embriones?

La sociedad debe proteger a todo embrión, porque el derecho inalienable a la vida de todo individuo humano desde su concepción es un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. Cuando el Estado no pone su fuerza al servicio de los derechos de todos, y en particular de los más débiles, entre los que se encuentran los concebidos y aún no nacidos, quedan amenazados los fundamentos mismos de un Estado de derecho (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 472).

¿Qué es la eutanasia?

Por eutanasia -aunque etimológicamente significa buena muerte– se entiende el acto de provocar -con una acción o una omisión de lo necesario para conservar la vida- la muerte a un enfermo incurable para ahorrarle sufrimientos. La eutanasia directa es gravemente ilícita, aunque sea el enfermo quien la pida. Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.277).

También suele llamarse eutanasia a la muerte de vidas humanas “sin valor” (por ejemplo, retrasados mentales, personas de una determinada raza, etc.). Es una atrocidad, a la que se puede llegar -e históricamente se ha llegado- cuando se pierde el sentido cristiano de la vida o el valor del sufrimiento, con el que esos enfermos podrían ganarse la felicidad eterna, como si esta vida no valiera la pena vivirla si no es para disfrutar físicamente de ella.

No hay que confundir la eutanasia con el no poner medios extraordinarios para alargar la vida, lo cual con frecuencia es lícito. La enseñanza del Magisterio la Iglesia es clara: La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.278).

¿Qué es el “encarnizamiento terapéutico”?

Es la utilización de tratamientos médicos desproporcionados y sin esperanza razonable de resultado positivo.

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