Día 22 de agosto

22 de agosto

Memoria obligatoria de Santa María Virgen, Reina

Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, que engendró al Hijo de Dios, Príncipe de la paz, cuyo reino no tendrá fin, y que es saludada por el pueblo cristiano como Reina del cielo y Madre de misericordia. (Martirologio Romano).

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Realeza de la Bienaventurada Virgen

Santa María, en verdad, es la Reina y Señora de toda la Creación. Y se dice que en verdad es Reina para indicar que su realeza no es sólo de honor y excelencia, que la hace superior a toda criatura, sino que además tiene verdadera potestad y dominio sobre todas ellas.

Las razones de esta realeza son: Siendo Madre del Rey de reyes y del Señor de todos los que dominan, Ella debe ser Reina y Señora; y, habiéndonos rescatado Cristo con su sangre, a Ella como corredentora, le corresponde tener parte en su reinado. Un reinado de infinito amor y misericordia, que Nuestro Señor Jesús quiere ejercitarlo con la cooperación de su Madre.

Al ser Santa María Reina de toda la Creación, es también Reina de los Ángeles y de los Santos. El poder de éstos no puede compararse con el poder y la eficacia de la Santísima Virgen ante el trono de Dios, que demuestra su admirable poderío en tener siempre a sus pies a la serpiente infernal, en defender a sus hijos y devotos de las asechanzas malditas de Satanás, y en proteger a la Iglesia que le canta con júbilo: Tú sola has destruido todas las herejías del universo mundo.

En las letanías lauretanas invocamos a María como Reina de los Ángeles, de los Patriarcas, de los Profetas, de los Apóstoles, de los Mártires, de los Confesores, de las Vírgenes y de todos los Santos; como Reina concebida sin pecado original y elevada al Cielo. Y también, como Reina del santísimo Rosario, de la familia y de la paz.

La Realeza de María aparece frecuentemente en la iconografía de la Virgen. El arte cristiano ya a partir del Concilio de Éfeso (año 431) ha venido representando a María como Reina y Emperatriz, sentada en trono real, con las insignias de la realeza, e incluso en ocasiones la muestra siendo Ella coronada por su Hijo. Y así vemos en infinidades de imágenes y cuadros de la Madre de Dios con los atributos propios de la realeza: el manto, la corona y el cetro, como Reina que es. También la vemos representada con la aureola de doce estrellas por ser Señora de Israel y del Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia. En otras representaciones, la luna bajo sus pies y el sol como vestido, la proclaman Emperatriz del universo todo.

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Anécdota

Según contó Lacordaire, un día dijo el papa Pío VII a Napoleón, que lo tenía cautivo: Señor, un día volveréis a Dios y seréis feliz. En efecto, Napoleón se confesó y dijo al morir: Padre mío, ¡he pecado!

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