Día 2 de octubre

2 de octubre

Memoria obligatoria de los santos Ángeles Custodios

Memoria de los santos Ángeles Custodios, que, llamados ante todo a contemplar en la gloria el rostro del Señor, han recibido también una función en favor de los hombres, de modo que con su presencia invisible, pero solícita, los asistan y aconsejen. (Martirologio Romano).

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Los Ángeles Custodios

Dios se sirve de los Ángeles como ministros suyos, y en especial a muchos de ellos los hace custodios y protectores de los hombres. Todas y cada una de las personas humanas, cristianas o no, tienen su Ángel Custodio. Su misión comienza en el momento del nacimiento de cada hombre, dice san Jerónimo, y se prolonga hasta el momento de la muerte. Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y su intercesión. “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida” (San Basilio). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336).

La misión de guardar y socorrer a los hombres, para que no reciban daño alguno grave, dada por Dios a los Ángeles Custodios, se comprende bien. Así como los padres, cuando los hijos necesitan viajar por caminos malos y peligrosos, hacen que les acompañen personas que les cuiden y defiendan de los peligros, de igual manera Dios, que es Padre, para este caminar nuestro por el mundo, lleno de peligros, interiores y exteriores, tanto para el cuerpo como para el alma, nos da Ángeles para que, fortificados con su poder y auxilio, nos libremos de los lazos furtivamente preparados por nuestros enemigos, y rechacemos las terribles acometidas que nos hacen; y para que con tales guías sigamos por el camino recto, sin que ningún error interpuesto sea capaz de separarnos del camino que conduce al Cielo.

Al Ángel Custodio debemos: a) revenciarle y venerarle, por estar siempre en nuestra compañía y en la presencia de Dios; b) tenerle devoción, porque se preocupa de nuestro bien; c) confiar en él, por la vigilancia con que nos guarda; d) darle también nuestra amistad, por las inestimables ayudas que nos ha prestado, nos presta y nos prestará; e) acudir a él en nuestras tentaciones y necesidades.

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Oración al Ángel de la Guarda

Ángel santo, amado de Dios, que después de haberme tomado, por disposición divina, bajo vuestra bienaventurada guarda, jamás cesáis de defenderme, de iluminarme y de dirigirme; yo os venero como a protector, os amo como a custodio; me someto a vuestra sea ingrato para vos y obstinadamente sordo a vuestras inspiraciones, no queráis, a pesar de esto, abandonarme; antes al contrario, ponedme pronto en el recto camino, si me he desviado de él; enseñadme, si soy ignorante; levantadme, si he caído; sostenedme, si estoy en peligro, y conducidme al Cielo para poseer en él una felicidad eterna. Amén.

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