Día 3 de octubre

3 de octubre

Memoria libre de san Francisco de Borja

San Francisco de Borja, presbítero, quien, muerta su mujer, con la que había tenido ocho hijos, ingresó en la Orden de la Compañía de Jesús, y pese a haber abdicado de las dignidades del mundo y recusado las de la iglesia, resultó elegido prepósito general, y fue memorable por su austeridad de vida y oración. Falleció en Roma. (1572) (Martirologio Romano).

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Anécdota

San Francisco de Borja, antes de ser religioso, era Duque de Gandía y Marqués de Lombay. Cortesano de la corte del emperador Carlos V. En 1539, al morir la emperatriz Isabel, fue designado para trasladar sus restos mortales desde Toledo a Granada. El 17 de mayo se abrió el féretro en la Capilla de los Reyes Católicos de la Catedral granadina. Un hedor espantoso hizo retroceder a los presentes. El Duque de Gandía, al contemplar el cadáver de la que fue una de las mujeres más bellas de su época -carne corrompida, bajo las vestiduras reales, deslumbrantes de oro-, exclamó: No más servir a señor que se me pueda morir.

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Verdadero arrepentimiento

Se presentó cierto día a los pies de san Felipe de Neri un pobre joven extraviado, que desde hacía bastante tiempo llevaba una vida disoluta, y pidió confesarse. San Felipe lo acogió con su acostumbrada caridad, y oída la acusación de las pecados y miserias del joven le absolvió, poniéndole como penitencia que apenas hubiera recaído en sus torpezas y pecados volviese a confesarse cuanto antes. El joven prometió sinceramente hacerlo; y habiendo caído presto, cumplió su promesa, presentándose enseguida al santo para confesarse. Éste le absolvió de nuevo, imponiéndole la misma penitencia que la vez anterior, y exhortándole a cumplirla fielmente.

Fue el joven tan dócil, que habiendo recaído de nuevo, tornó otra vez a confesarse. Así siguió por algún tiempo; las recaídas, sin embargo, eran menos frecuentes…, hasta que por fin consiguió corregirse del todo y llegó a ser muy ejemplar y virtuoso.

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La pregunta de una niña

Benedicto XVI respondió a una niña que le preguntó por qué confesarse antes de comulgar si siempre cometen los mismos pecados: Es verdad, en general nuestros pecados son siempre los mismos, pero hacemos limpieza de nuestra casa, de nuestra habitación, al menos cada semana, aunque la suciedad sea siempre la misma. Si no se hace, corremos el riesgo de que se acumule la porquería, aunque no se vea. Lo mismo sucede con nuestra alma: si no nos confesamos nunca, el alma se descuida: estoy contento conmigo mismo, pero no entiendo que debo mejorar siempre para seguir hacia delante.

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