Día 16 de octubre

16 de octubre

Memoria libre de santa Eduvigis

Santa Eduvigis, religiosa, la cual, nacida en Baviera y duquesa de Silesia, demostró gran interés en ayudar a los pobres, para los cuales fundó hospicios. Fallecido su marido, se retiró en el monasterio de monjas cistercienses que ella misma había fundado, y del que era abadesa su hija Gertudis, lugar donde terminó su vida, en Trebnitz, en la actual Alemania, el día quince de octubre. (1243) (Martirologio Romano).

Memoria libre de santa Margarita María de Alocoque

Santa Margarita María Alacoque, virgen, monja de la Orden de la Visitación de la Virgen María, que progresó de modo admirable en la vía de perfección y, enriquecida con gracias místicas, trabajó mucho para propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús, del que era muy devota. Murió en el monasterio de Paray-le-Monial, en la región de Autun, en Francia, el día diecisiete de octubre. (1690) (Martirologio Romano).

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Efemérides

Tal día como hoy del año 1978 fue elegido papa el cardenal polaco Karol Wojtyla, que tomó el nombre de Juan Pablo II.

Una tradición rota

El 9 de enero de 1522 -una fecha perdida en las páginas de la historia- 39 cardenales reunidos en cónclave desde el 27 de diciembre del año anterior eligieron para la Sede de San Pedro al cardenal Obispo de Tortosa, Adriano de Utrecht. El elegido era desconocido en Roma, pero gozaba entre los eclesiásticos de su época de fama de persona muy pía y docta y, en otro tiempo, había sido preceptor del emperador Carlos V. Fue el último papa no italiano hasta octubre de 1978. En aquella ocasión, como en el segundo cónclave del año 1978, los cardenales llamaron al Obispo de Roma de un país lejano, pero entonces el elegido como papa estaba bien lejos de la Ciudad Eterna. Aunque era cardenal, no participó en el cónclave, debido precisamente a la distancia y ser época en las que los medios de transporte no habían alcanzado la rapidez de que gozan a finales del siglo XX.

El 16 de octubre de 1978 la elección del cardenal Karol Wojtyla como sumo pontífice de la Cristiandad rompió una tradición de más cuatro siglos ininterrumpidos de papas italianos. Por primera vez, pues, un eslavo, un polaco, era aclamado en la Plaza de San Pedro al aparecer en el balcón principal de la Basílica revestido con los ornamentos pontificales para bendecir a la multitud de fieles allí congregada.

Antes de impartir la bendición, rompiendo también con el protocolo, dijo unas palabras: ¡Alabado sea Jesucristo! Queridísimos hermanos y hermanas: Todos estamos apenados todavía por la muerte de nuestro queridísimo papa Juan Pablo I. Y he aquí que los eminentísimos cardenales han designado un nuevo Obispo de Roma. Lo han llamado de un país lejano…, lejano, pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y en la tradición cristiana. He sentido miedo al recibir esta designación, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con la confianza plena en su Madre, la Virgen Santísima. No sé si podré explicarme bien en vuestra… nuestra lengua italiana. Si me equivoco, me corregiréis. Y así me presento a todos vosotros, para confesar nuestra fe común, nuestra esperanza, nuestra confianza en la Madre de Cristo y de la Iglesia; y también para comenzar de nuevo el camino de la historia y de la Iglesia, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hombres.

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