Día 20 de octubre

20 de octubre

Historia bíblica

Dios entrega a Moisés las Tablas de la Ley

Después de haber salido de Refidim, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí, y allí acamparon frente a la montaña del mismo nombre, donde Dios iba a darles su ley.

El Señor llamó a Moisés desde la cima de la Montaña. Y le mandó que dijera al pueblo: Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado en alas de águila y os he traído hacia mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa (Ex 19, 4-6). Los israelitas después de oír lo que Dios le había dicho por medio de Moisés, respondieron unánimes: Haremos cuanto ha dicho el Señor (Ex 19, 8). Y Moisés refirió al Señor la respuesta de su pueblo. Entonces Dios dijo a Moisés: Ve al pueblo y haz que se purifiquen hoy y mañana, que laven sus vestidos. Y que estén preparados para el tercer día, porque el día tercero el Señor descenderá a la vista de todo el pueblo sobre el monte Sinaí.

En ese día el Señor dio su Ley. El día tercero desde la mañana, apareció el monte Sinaí cubierto de una densa nube, de la que salían relámpagos y truenos. Bien pronto, por entre las llamas, se dejó oír la voz del Señor, pronunciando las palabras, que contienen la Ley de Dios.

Yo soy el Señor, tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la esclavitud. No tendrás otro dios fuera de mí. No te harás escultura ni imagen, ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas por debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni les dará culto, porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castigo la culpa de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de aquellos que me odian; pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos. No tomarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, pues el Señor no dejará impune al que tome su nombre en vano. Recuerda el día del sábado, para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás tus tareas. Pero el día séptimo es sábado, en honor del Señor, tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita junto a ti. Pues el Señor en seis días hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que contiene, pero el día séptimo descansó. Por eso el Señor bendijo el día del sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te da. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo ni su esclava, ni su buey, ni su asno ni nada de lo que pertenezca a tu prójimo (Ex 20, 2-17).

El pueblo de Israel juró solemnemente que guardaría la Ley de Dios. Haremos todo lo que ha dicho el Señor (Ex 24, 3). Después, subió Moisés de nuevo a la montaña y el Señor le dio el Decálogo escrito en dos tablas de piedra, llamadas por ello Tablas de la Ley. También le hizo conocer su voluntad respecto a la construcción del Tabernáculo y cuanto se refería a la organización civil y religiosa de su pueblo. Moisés permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches (Ex 24, 18).

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