Día 21 de octubre

21 de octubre

Generosidad con Dios

Testimonio de Jesús Urteaga

Me encuentro en las afueras de una gran ciudad española. La ciudad aparentemente es rica: se ven muchos coches, y de noche, muchas luces. Este barrio obrero -cómo no- es pobre. La iglesia del suburbio es pobre también. No sobra nada y faltan muchas cosas. En los ojos de los chiquillos, que alborotan las calles, mucha risa. Los críos están alegres porque tienen sol y una pelota de goma.

El cura de la zona -pobre como un trabajador más- me está enseñando las viviendas de los obreros para terminar en la casa de Dios. Todas ellas están limpias. La pobreza no debe estar reñida con la limpieza. Dentro de la iglesia el párroco me hace una confidencia al oído. Mira lo que he puesto dentro del sagrario –a la luz de las velas compruebo el interior-. Es un regalo de una familia que ha tenido un serio batacazo en su fortuna y ha donado esa piedra preciosa que es el único recuerdo que guarda de su posición anterior. Ésta ha sido la respuesta que han dado a las circunstancias desfavorables por las que están atravesando. Él y ella, los dos de acuerdo, han querido que la “piedra” se ponga en el interior del tabernáculo para que sólo la vea Él. ¿Te gusta?

Sí, me gustó la piedra y el gesto. Dios estará contento. Habrá muchos que no lo entiendan. Así son las chifladuras de los hombres con fe, con esperanza y con amor. Para muchos con poca fe y con poco amor, esto de poner cosas buenas en las casas que habita Dios en la tierra será siempre un derroche. Tal vez no sepa expresarme… pero, ¿no entendéis que si las gentes creyeran de verdad que realmente Dios está ahí -en esta pequeña Casa que es el Sagrario-, le tratarían de otro modo’

Me vienen ahora a la memoria las palabras de un cura viejo lleno de vitalidad; un cura de esos buenos de verdad, que se ha propuesto -olvidándose de sí mismo- darse a las almas, de la mañana a la noche. Le conozco muy bien, a él y a su familia; es pobre y austero como ninguno; teniéndolo todo, de todo se desprendió para parecerse más a Jesús. En referencia a este punto concreto de la generosidad con Dios, me decía no hace mucho: Yo haré los altares de cemento y los cálices de hierro cuando los enamorados regalen hierro y cemento a sus enamoradas.

Ciertamente las almas que se quieren no reparan en sacrificios. Hablo del amor divino y del humano.

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Anécdota

Alejandro Magno, tuvo además de Aristóteles otro preceptor llamado Leónidas. Y una vez que Alejandro ofrecía sacrificios a los dioses quemaba tanto incienso que Leónidas le dijo: Tanto incienso a la vez es un desperdicio. Más adelante, Alejandro conquistó Arabia, donde se producía el incienso. Volvió a Macedonia con un cargamento grande de incienso. Llamó a Leónidas, le enseñó todo el incienso y le dijo: Según tú, yo lo desperdiciaba. Y ya ves como los dioses me lo devuelven con creces, lo que yo les ofrecí a ellos.

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