Día 27 de octubre

27 de octubre

Preguntas y respuestas

¿Cuáles fueron las siete palabras que pronunció Jesucristo en la cruz?

1ª palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34). El amor lleva siempre al perdón. Y Cristo ama a todos, incluso a sus enemigos. Por eso ruega a Dios Padre que los perdone.

2ª palabra: Hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc 23, 43). Cristo salva al buen ladrón. San Dimas se gana el cielo por haber salido en defensa del Señor. Jesús no se deja ganar en generosidad.

3ª palabra: Mujer, he ahí a tu hijo… He ahí a tu Madre (Jn 19, 26-27). Jesucristo, en la víspera de su Pasión, nos hizo el maravilloso regalo de la Eucaristía. Después, entrega su vida por nosotros. Y momentos antes de expirar, nos da a su Madre. La Virgen María es nuestra Madre por designio de Cristo.

4ª palabra: Tengo sed (Jn 19, 28). Además de la sed de su boca, Jesús tiene sed de almas; ansia de redención, de salvar a todos.

5ª palabra: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mt 15, 34). Cristo siente soledad. El límite del sufrimiento es sentir el abandono de Dios, que parece no escuchar la súplica de Cristo. Pero Dios Padre acogió el sacrificio de su Hijo.

6ª palabra: Todo está consumado (Jn 19, 30). Cristo ha cumplido la misión para la fue enviado por el Padre. Todo lo hizo bien.

7ª palabra: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46). Jesucristo hace un acto de suprema confianza, se arroja en brazos de su Padre, y libremente entrega su vida.

*****

¿Dejó Jesús solos a los Apóstoles después de su Ascensión al Cielo??

Con la Ascensión del Señor, un poco tristes se quedaron los Apóstoles. Es lógica esta tristeza. Los Apóstoles habían seguido a Cristo durante tres años, y ahora no se acostumbran a la idea de la ausencia física del Señor. Los Apóstoles vieron la forma de actuar, de mirar, de sonreír, de hacer el bien de Cristo. Tuvieron la inmensa fortuna de convivir con el Señor. Ellos contemplaron a Cristo de cerca. En una ocasión le vieron sentado junto al pozo de Jacob, fatigado del camino. Y seguramente hablaron con Jesús del cansancio. Los Apóstoles presenciaron el llanto de su Maestro ante la tumba de Lázaro. El Señor lo aprovecharía para comentar con sus discípulos el valor de la amistad. Aprendieron a hacer oración viendo a Cristo hablar con su Padre Dios, y de labios del Maestro oyeron por vez primera cómo dirigirse a Dios llamándole Padre. Estuvieron con Él cuando se compadeció de la muchedumbre. Aquella escena fue todo un ejemplo vivo de lo que es la compasión, la misericordia. Es, pues, lógico que se quedaran un poco tristes.

Pero también estuvieron presentes en la Última Cena, cuando Cristo instituyó la Eucaristía y los ordenó a ellos sacerdotes de la Nueva Alianza. Sabían que Jesús, aunque se fuera, se quedaría en la tierra, realmente presente en la Eucaristía. Momentos antes de su Ascensión, el mismo Jesús les había dicho: Sabed que yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20). Además, les prometió el Espíritu Santo. Vuestra tristeza se convertirá en gozo (Jn 16, 20). Y diez días después recibieron los Apóstoles al Espíritu Santo como Cristo había prometido: Os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya. Si no me fuese, el Paráclito no vendrá a vosotros. Pero si me voy, os lo enviaré (Jn 16, 7). Jesús se fue y envió el Espíritu Santo, que vino para santificar las almas.

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