Día 30 de octubre

30 de octubre

Oraciones

El yo pecador

Texto

Yo pecador me confieso a Dios todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que pequé mucho con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa; por tanto, ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los Santos y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor. Amén.

Explicación

Esta oración es de humilde confesión y arrepentimiento de los pecados. Tiene mucha antigüedad, pues ya aparece en el año 735, en un devocionario del Arzobispo de York. La redacción actual, con breves diferencias, se debe al papa san PíoV.

El Yo pecador consta de dos partes bien diferenciadas. En la primera, el alma arrepentida se declara humildemente culpable de pecados de pensamiento, palabra y obra. Esta confesión la dirige al Señor en primer lugar, pues todo pecado es ofensa a Dios. Después, a la Santísima Virgen, pues Ella es Madre de misericordia y Refugio de los pecadores. También confiesa su culpa a San Miguel Arcángel, que es Príncipe de la Milicia Celestial; a San Juan Bautista, que predicó la penitencia para recibir al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia que supieron reconocer humildemente sus pecados -el uno negó conocer al Maestro; el otro fue perseguidor de los cristianos- y alcanzaron de Dios la misericordia. Y por último, al sacerdote, que ha recibido de Dios el poder de perdonar los pecados.

Esta sinceridad del alma revela un profundo arrepentimiento. De él está saturado el espíritu y no duda en reconocerse públicamente pecador. Tres veces se dice culpable y sobremanera culpable, sin buscar excusas. Puede decir con el Salmista: Pues mi pecado yo lo reconozco, mi falta sin cesar está ante mí. Contra Ti solo he pecado, y lo malo a tus ojos cometí (Sal 50, 5-6). El alma se humilla y anonada en su culpabilidad, llena de dolor.

En la segunda parte, levanta los ojos el pecador, confiado en la misericordia del Señor, apoyado en la recomendación de los intercesores que ha invocado, y les ruega pidan por él a Dios.

Nueva fórmula del “Yo pecador” en la Misa

La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II introdujo en el Ordinario de la Misa una nueva fórmula del Yo pecador. En los ritos iniciales de la Misa, después del saludo, viene el acto penitencial, que se puede hacer con varios formularios. En uno de ellos -el primero- está la oración del Confiteor, que queda de la siguiente forma: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios Nuestro Señor.

Como se ve es sustancialmente la oración del Yo pecador, pues expresa las mismas ideas, pero notablemente abreviada. Si es de destacar que se incluyan los pecados de omisión además de los de pensamiento, palabra y obra.

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