Día 17 de noviembre

17 de noviembre

Memoria obligatoria de santa Isabel de Hungría

Memoria de santa Isabel de Hungría, que siendo casi niña se casó con Luis, landgrave de Turingia, a quien dio tres hijos, y al quedar viuda, después de sufrir muchas calamidades y siempre inclinada a la meditación de las cosas celestiales, se retiró a Marburgo, en la actual Alemania, en un hospital que ella misma había fundado, donde, abrazándose a la pobreza, se dedicó al cuidado de los enfermos y de los pobres hasta el último suspiro de su vida, que fue a los veinticinco años de edad. (1231) (Martirologio Romano).

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Historia de la Iglesia

La afrenta de Anagni

Uno de los grandes enfrentamientos de la Edad Media fue el protagonizado por Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, y el papa Bonifacio VIII, en los albores del siglo XIV.

Durante los tres primeros siglos del segundo milenio, en la Iglesia había predominado el hierocratismo, gozando el Papado de un inmenso poder. En 1294 fue elegido para suceder a san Celestino V el cardenal Benedetto Gaetani, hombre enérgico y tenaz, que quiso dedicar los mejores esfuerzos de su pontificado en el mantenimiento del poder papal. Pero la época de Bonifacio VIII, nombre del nuevo Papa, era bien distinta a la de los siglos inmediatamente anteriores. El sistema, concebido teocráticamente, de la dirección unitaria del mundo por el Papa entró en colisión con el sentimiento de poder de los estados nacionales, que apuntaba en la dirección de transformar la estructura política feudal con la formación de naciones soberanas.

Bonifacio VIII quiso conducir el mundo cristiano en el mismo sentido que cien años antes lo había hecho Inocencio III, sin darse cuenta de que las circunstancias habían cambiado. Tuvo la desgracia de encontrar frente a sí a Felipe IV de Francia, que resultó ser para el Pontificado un adversario mucho más peligroso de cuanto pudo haberlo sido el emperador germano Federico II. Y el enfrentamiento del monarca francés con el Pontífice romano no tardó en producirse. La persona de Bonifacio VIII fue difamada y, por primera vez en la historia, se apeló contra el Papa a un concilio. El punto más álgido del conflicto de produjo el 7 de septiembre de 1303, cuando Guillaume de Nogaret, consejero de Felipe IV, marchó a Anagni, ciudad natal del Papa, donde se había refugiado Bonifacio VIII, que estaba a punto de excomulgar al Rey de Francia. El Papa, revestido de los ornamentos pontificios, esperó al francés en el salón del trono y, cuando entró Nogaret, le dijo: ¡Aquí está mi cuello, aquí está mi cabeza!, dispuesto a sufrir la muerte antes que abdicar, como se le exigía. Bonifacio VIII fue hecho prisionero y sometido a un trato indigno -incluso fue abofeteado por Nogaret, hecho conocido como la afrenta de Anagni, de triste recuerdo para el Papado- para conseguir que revocara las bulas contra Felipe el Hermoso. Sorprendentemente, en el pueblo de Anagni, que en los primeros momentos se había puesto del lado de los conspiradores, se produjo un cambio de opinión y liberó al Pontífice. Un mes más tarde, Bonifacio VIII moría en Roma como consecuencia de la conmoción que la causara la afrenta sufrida.

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