Día 19 de noviembre

19 de noviembre

Una carta del papa san Juan Pablo II

San Juan Pablo II al comienzo de su Pontificado se dirigió a los jóvenes en estos términos: –Sois el futuro del mundo. Sois la esperanza de la Iglesia. ¡Sois mi esperanza!

En otra ocasión les decía: Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con nuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz. Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia. El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad.

En todos sus viajes apostólicos tuvo un encuentro con la juventud. En la misma Ciudad Eterna se hizo tradicional en la tarde del Domingo de Pascua una reunión del Papa en el Cortile de San Dámaso con los jóvenes universitarios participantes en el Congreso Univ, que se celebra todos los años en Roma.

En el año 1985 el Domingo de Resurrección fue el 7 de abril. Como en años anteriores se celebró el encuentro de san Juan Pablo II con los jóvenes llegados a Roma para participar en el Univ’85. Semanas antes el Papa había escrito una carta extensa a todos los jóvenes del mundo. Alguien, durante la reunión, comentó de pasada al Romano Pontífice que la carta era muy larga. Al final de la reunión, san Juan Pablo II dijo: –Hay una cosa que me ha puesto triste y es oír que la carta a los jóvenes es bastante larga; si dicen esto los del Univ, qué dirán los otros. Yo también pienso que es larga pero primero hay que leerla y después ya veremos.

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El Romano Pontífice es el Vicario de Cristo. Es, por tanto, quien hace las veces de Cristo en la tierra. Y deber de todo cristiano es, además de amarle, escucharle, porque en su voz está la verdad. Su mensaje no puede ser otro que el mensaje salvífico de Cristo; sus palabras no pueden ser otras que la palabra de Dios. Y una vez escuchado y meditado el magisterio del Papa, hay que procurar que estas enseñanzas lleguen a todos los rincones de la tierra, sin deformaciones, para que, lo mismo que cuando Cristo caminaba sobre la tierra, muchos desorientados vean la luz, y muchos afligidos recobren la esperanza.

Es necesario hacer eco a la voz del Papa, especialmente cuando trata temas de candentes actualidad, como son los que se refieren al valor de toda vida humana que siempre debe ser defendida, las propiedades esenciales -unidad e indisolubilidad- del matrimonio y la santidad del mismo, el fin sobrenatural de la Iglesia y su misión en la tierra, la correcta administración de los sacramentos, y otros más.

A través de discursos, homilías, alocuciones, cartas apostólicas, exhortaciones apostólicas, cartas encíclicas, el Papa ejerce su magisterio ordinario. Difícilmente puede asimilar y propagar el contenido de este magisterio quien no se toma la molestia de leer los escritos del Papa. Y si alguien es el destinatario de una carta del Romano Pontífice, ¡qué menos que leerla con cariño, aunque sea larga!

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