Día 21 de noviembre

21 de noviembre

Memoria obligatoria de la Presentación de la Santísima Virgen

Memoria de la Presentación de santa María Virgen. Al día siguiente de la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva, construida junto al muro del antiguo templo de Jerusalén, se celebra la dedicación que de sí misma hizo a Dios la futura Madre del Señor, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su Concepción Inmaculada. (Martirologio Romano).

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La Presentación de la Virgen en el Templo

Llena de gracia desde el primer momento de su Inmaculada Concepción, la vida de la hija de Joaquín y Ana es completamente singular -Dios la miró y la custodió en cada instante con un amor único e irrepetible- y a la vez fue una niña normal, que llenó de gozo a cuantos la trataron en la vida ordinaria.

En los Evangelios apócrifos se narra que a los tres años de edad, María fue presentada por sus padres en el Templo de Jerusalén y consagrada al Señor en agradecimiento por haber recibido tal favor del cielo; y allí estuvo hasta los doce años de edad, dedicada al servicio de Dios. La Iglesia -purificando las ingenuidades y los sucesos prodigiosos de que está llenos la narración apócrifa, que suponía a la Virgen Niña en el Templo, desde la edad de tres años, consagrada a Dios con un voto de virginidad- admite en su liturgia la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen y lo que es el núcleo esencial de esta fiesta: la dedicación que Santa María hizo de sí misma al Señor, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, pero sin el colorido del relato apócrifo que nuestra fe no necesita.

Lo mismo que Jesús cuando fue presentado en el Templo, la Virgen Niña continuaría viviendo con san Joaquín y santa Ana una vida absolutamente normal, sujeta a sus padres y creciendo hasta hacerse una mujer, con el corazón dispuesto para un servicio completo a Dios y a los hombres todos, por amor a Dios. Esta entrega plena de María a Dios conforme va creciendo sí que es real y ejemplar para los cristianos.

La Presentación de María desvela delicadamente una historia de entrega, que incluye la dedicación virginal, y expresa la absoluta pertenencia de la Virgen a Dios y su plena entrega a los planes divinos, su completa dedicación de su alma y de su cuerpo santísimos al misterio de la Salvación.

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Efemérides

Tal día como hoy del año 1964 el papa beato Pablo VI proclamó a la Virgen María como Madre de la Iglesia.

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Madre de la Iglesia

En la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el beato Pablo VI proclamó a la Virgen María Madre de la Iglesia. Éstas fueron sus palabras: Hemos creído oportuno consagrar, en esta misma sesión pública, un título en honor de la Virgen, sugerido por diferentes partes del orbe católico, y particularmente entrañable para Nos, pues con síntesis maravillosa expresa el puesto privilegiado que este Concilio ha reconocido a la Virgen en la santa Iglesia. Así, pues, para gloria de la Virgen María y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo cristiano, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título.

Con esta proclamación se reconocía el puesto enteramente privilegiado que en la Iglesia Católica es propio de la Madre de Dios: un lugar, después de Cristo, el más alto y el más cercano a nosotros. Así la podemos venerar con el nombre de Madre de la Iglesia para honor suyo y consuelo de los fieles católicos.

El fundamento de este título mariano es la maternidad divina de María: María es Madre de la Iglesia, porque en virtud de la inefable elección del mismo Padre Eterno y bajo la acción particular del Espíritu de Amor, Ella ha dado la vida humana al Hijo de Dios (…) del cual todo el Pueblo de Dios recibe la gracia y la dignidad de la elección (San Juan Pablo II).

La expresión conciliar Pueblo de Dios designa a la Iglesia. Como Madre de este Pueblo, María ama a cada una de las hijas y a cada uno de los hijos que lo forman. Ella es la Madre indulgente y afectuosa de la totalidad de los creyentes, no solamente considerados como personas aisladas, sino como sociedad que marcha sobre la tierra hacia el destino eterno.

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