Día 19 de diciembre

19 de diciembre

Plática

La Iglesia, Madre y Maestra

La Iglesia es la transparencia de Cristo entre los hombres, oscurecida a veces por la conducta de los cristianos, pecadores como los demás hombres. La Iglesia, cuando se ve con mirada de fe, no es una pantalla que intercepta la comunión de los hombres con Cristo, el Salvador. Quienes perseveran junto al viajero misterioso, como los discípulos de Emaús, acaban por reconocerlo y dirán quizá como ellos: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?” (San Juan Pablo II).

Busca esa mirada de fe cuando dirijas tus ojos hacia esa Madre santa que es la Iglesia para que sepas descubrir su relación vital con Cristo. Él es el esposo; la Iglesia es su esposa.

No veas sólo hombres, pues del mismo modo que Cristo es Dios y Hombre, la Iglesia es Cristo y hombres. De igual forma que hay personas que en Cristo no ven más que un hombre sin percibir su divinidad, también hay quienes en la iglesia sólo ven hombres, sin descubrir la presencia del Señor en ella. Pero tanto unos como otros se quedan con una visión meramente humana, chata. No llegan a captar la dimensión sobrenatural.

Fíjate en esa Iglesia surgida de la herida del costado de Jesús. Cristo la ha hecho hermosa, se entregó por ella para santificarla, purificándola, mediante el lavado del agua con la palabra, a fin de presentársela a sí gloriosa, sin macha o arruga o cosa semejante, sino santa e intachable (Ef 5, 25-27). Es inseparable de Él.

Contempla esa Iglesia que mientras camina en este mundo anhela la unión definitiva y perfecta con Dios, que sólo se da en el Cielo.

Ama a esa Iglesia que es Madre y cuida amorosamente de todos sus hijos facilitándoles constantemente los medios de salvación que recibió de Jesucristo, para que todos lleguen a la bienaventuranza eterna.

Mira a esa Iglesia que sigue siendo en todos los tiempos y para todas las épocas sacramento universal de salvación.

Una Iglesia que no tiene por qué negar los lados sombríos de su historia. Ten en cuenta que está formada también por hombres, su elemento visible, y aunque sea santa y sin pecado, no lo es sin pecadores. Son estos los que tienen que entonar el mea culpa por sus pecados, y no la Iglesia.

Una Iglesia que puede recordar, con humildad profunda, las lados luminosos de su historia: a) la Iglesia de los mártires, que fieles a su fe, resistieron a los poderosos. b) la Iglesia de los santos, que vivieron de manera heroica las enseñanzas evangélicas de Cristo. c) los grandes testigos de la fe de nuestros días, que irradian luz en medio de la profunda oscuridad del neopaganismo imperante. d) las obras de caridad, que la Iglesia ha llevado a cabo en todas las épocas y que sigue realizando, en un servicio abnegado a los necesitados, enfermos, pobres… e) la contribución de la Iglesia a la causa de la paz, en los dos mil años de su existencia. f) la contribución del cristianismo en la abolición de la esclavitud y al reconocimiento de la dignidad única de la persona, de la dignidad de la mujer y de la libertad de las conciencias. g) la defensa que hace de la vida considerándola como un valor sagrado, don de Dios.

Pero aún queda por decir lo más importante: es la Iglesia la que ha guardado hasta hoy con una fidelidad absoluta el depósito de la fe revelado plenamente en Jesucristo. Sin ella nada sabríamos de Cristo, ni de su mensaje, ni de la esperanza que Él nos ha traído.

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