Día 26 de diciembre

26 de diciembre

Fiesta de san Esteban

Fiesta de san Esteban, protomártir, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, que el primero de los siete diáconos que los apóstoles eligieron como cooperadores de su ministerio, y también fue el primero de los discípulos del Señor que en Jerusalén derramó su sangre, dando testimonio de Cristo Jesús al afirmar que veía al Señor sentado en la gloria a la derecha del Padre, al ser lapidado mientras oraba por los perseguidores. (s. I) (Martirologio Romano).

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Los siete primeros diáconos

Al crecer el número de los creyentes en Jesucristo, los de la lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Entonces los apóstoles dijeron: No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra (Hch 6, 2-3). Aceptada la propuesta por la comunidad de los fieles, eligieron a los llamados diáconos. Estos fueron: Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía.

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Martirio de san Esteban

Esteban era un hombre lleno de gracia y poder, que realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Entonces unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con él, pero no pudieron replicar a los argumentos de Esteban ni resistir a la sabiduría divina que salía de su boca. Al no lograr rebatir las palabras de Esteban, aquellos hombres de la sinagoga indujeron a unos que asegurasen: Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios (Hch 6, 11). Llevado Esteban ante el Sanedrín, confundió a sus acusadores, e increpó a los judíos por su incredulidad y terca resistencia a las inspiraciones del Espíritu Santo.

Mientras Esteban hablaba, todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel (Hch 6, 15). En un momento determinado, Esteban, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios,y dijo: Veo los cielos abiertos y al hijo del hombre de pie a la derecha de Dios (Hch 7, 56). Al oír estas palabras, los judíos se taparon los oídos, lanzando gritos de horror, como si hubieran oído una blasfemia; y empujándole a la afueras de la ciudad, se pusieron a apedrearlo. Los que lapidaban a Esteban dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, que aprobaba aquella muerte violenta. Mientras tanto, Esteban repetía esta invocación: Señor Jesús, recibe mi espíritu (Hch 7, 59), y antes de expirar, clamó con voz potente : Señor, no les tenga en cuenta este pecado (Hch 7, 60). Y dichas estas palabras, murió. Unos hombres piadosos enterraron su cuerpo e hicieron gran duelo por él.

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