Día 28 de diciembre

28 de diciembre

Fiesta de los Santos Inocentes

Fiesta de los Santos Inocentes, mártires, niños que fueron ejecutados en Belén de Judea por el impío rey Herodes, para que pereciera con ellos el niño Jesús, a quien habían adorado los Magos. Fueron honrados como mártires desde los primeros siglos de la Iglesia, primicia de todos los que habían de derramar su sangre por Dios y el Cordero. (Martirologio Romano).

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Anécdotas

Se cuenta que una vez el hijo de Napoleón estaba en uno de los salones de Palacio. Allí estaba en un lado Napoleón con sus generales. En el otro extremo, la emperatriz con sus damas. Por una de las ventanas se veía a un grupo de niño jugando en un sitio lleno de barro y fango. El pequeño se acercó a su padre y le dijo, señalando a los generales: -“Esto me aburre”. -“Es el poder”, replicó Bonaparte. Después, indicando el lado opuesto donde estaban las mujeres: -“Esto me aburre”. -“Es la belleza”, respondió su padre. Fijándose en el Salón, lleno de ricos objetos y tapices: -“Esto me aburre”. -“Es el arte”. Por fin el niño dijo mirando a la ventana: -“Cuánto me gustaría estar en ese hermoso fango”.

Es una pena, pero hay quienes prefieren -como el hijo de Napoleón, que despreciaba cosas buenas y prefería estar enfangado- la pereza, el capricho, la sensualidad, la vanidad, el placer desordenado… en vez de Dios que es la Bondad infinita y fuente de alegría. La condición de un alma en pecado es tremendamente lamentable. Cuenta santa Teresa de Jesús: Yo sé de una persona a quien quiso Nuestro Señor mostrar cómo quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella persona que le parece, si lo entendiesen, no sería posible a ninguno pecar, aunque se pusiera a mayores trabajos que se pueden pasar por huir de las ocasiones.

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El conquistador del imperio azteca, Hernán Cortés, fue acusado de forma injusta de haber cometido atropellos en el gobierno de las tierras conquistadas. Estas acusaciones llegaron a oídos del emperador Carlos V, que creyó a los acusadores sin hacer averiguaciones sobre la verdad de los hechos denunciados. Hernán Cortés pidió audiencia al rey de España para defenderse de las acusaciones, pero no consiguió que Carlos V se la concediera. Un día, sin tener en cuenta el protocolo, aprovechó la ocasión que se le presentó para acercarse al Emperador. Éste, sorprendido, le preguntó: ¿Quién sois? Y el viejo conquistador, con contenida amargura ante la ingratitud del rey, respondió: Soy un hombre, Señor, que os ha dado más provincias que reinos os legaron vuestros mayores.

Los hombres con relativa frecuencia somos olvidadizos y poco agradecidos. Pero Dios, que todo lo tiene presente y en el que no es posible el olvido, no se deja ganar nunca en generosidad. Todo el bien que hagamos, Él nos lo recompensará.

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