Día 30 de diciembre

30 de diciembre

Liturgia

Coronación canónica de las imágenes de la Virgen María

El ritual de la Coronación Canónica es una ceremonia a través de la cual la Santa Sede concede un privilegio a determinadas imágenes imponiéndole solemnemente una corona, como reconocimiento a su nobleza y soberanía y la reconocemos como Madre de Dios y Madre nuestra y mediadora de las gracias de su Hijo Jesús.

El origen de la ceremonia se encuentra en las predicaciones del fraile capuchino Fray Jerónimo Paolucci que vivió en el siglo XVI, el cual durante su vida se dedicó a predicar y realizar su labor pastoral por distintos lugares de Italia, dando término a su predicación con la imposición de una corona a las distintas advocaciones marianas con mayor veneración en los lugares de misión. Gracias a este hecho, el capuchino recibió el apodo de Apóstol de la Madonna.

Por otra parte, el Conde D. Alejandro Sforza Pallavicino de Piacenza, muy vinculado al Vaticano, al comenzar el siglo XVII, se propuso fundar una obra para darle orden y realce en todo el mundo a las coronaciones de la Virgen Santísima, y guardar memoria en un registro que se abrió en la Basílica de San Pedro de Roma.

Para ellos dispuso en su testamento una donación considerable de sus bienes a la Reverenda Fábrica de San Pedro en la Ciudad de Roma, con la condición que fueran costeados con sus rentas estos actos y se promoviera la coronación de las imágenes de María Santísima más veneradas en todo el mundo.

Al legar su fortuna el Conde Sforza, se estableció el Capítulo de San Pedro, como el organismo competente para conceder el rango de canónica a la coronación de una imagen de la Santísima Virgen y con ello se comprometían a adquirir la áurea presea, con el peculio obtenido de la donación hecha por el piadoso noble.

El primer caso de coronación sufragada por el Conde Sforza lo encontramos el 27 de Agosto de 1631, cuando el venerable Capítulo decidió colocar la diadema de oro a la imagen pictórica de Santa María della Febbre, venerada en una de las sacristías de la basílica de San Pedro en la Ciudad Eterna. A los pocos años de realizada el ceremonial tan lucido, este principal propulsor de la Coronación Canónica de María en la Tierra, falleció el 3 de julio de 1636.

La coronación de Santa María la Mayor de Roma, el 15 de agosto de 1837, marca el inicio del mismo ritual para las coronaciones que se llevarán a cabo en lo sucesivo.

A España no llega la Coronación Canónica hasta el último cuarto del siglo XIX, como veremos en los primeros casos de dicha concesión, para la imagen de Nuestra Señora de la Veruela en Aragón y Nuestra Señora de Montserrat, en Cataluña, ambas en 1881; luego de estas coronaciones, se sucederán otras muchas por España y con mucha rapidez se realizarán los primeros trámites de dicho proceso en América Española.

El ritual de imposición de la Corona en las devotas imágenes marianas, permaneció desde el siglo XVII hasta el XIX sin variaciones, salvo, en la elaboración de las coronas en sus respectivos lugares de veneración, y el requisito de que para coronarse a una imagen mariana por lo mínimo debía tener 50 años de antigüedad.

En 1981 se faculta a los Obispos diocesanos para conferir la Coronación de las imágenes que se veneren en sus respectivas jurisdicciones, con ello queda establecidas tres clases de coronación:

Coronación Canónica Pontificia, que otorga la Santa Sede en Roma, por la importancia que esta tiene, simplemente se le considera como Canónica, y tiene mayor peso sobre sus similares.

Coronación Canónica Diocesana, que otorga la Diócesis en una ciudad o país.

Coronación Litúrgica, aquella que no necesita de permiso alguno, que la realiza cualquier eclesiástico y puede llegar a ser elevada al rango de Canónica Diocesana.

La sagrada imagen que ha sido postulada para recibir el privilegio de la Coronación Canónica, debe de reunir los siguientes requisitos, indispensables y debidamente comprobados por el Obispo y autoridad eclesiástica:

Antigüedad no menor de 50 años (se entiende que posea valor artístico y cuya Historia se encuentre debidamente documentada)

Gozar de probada devoción (desde sus inicios hasta su estado actual).

Comprobación de los favores concedidos por dicha imagen y la irradiación de su culto.

Reunidos estos requisitos por dicha imagen, esta documentación deberá ser presentada por el Obispo, Dignidad eclesiástica o Superior de alguna orden religiosa y pedida expresamente por él. A ellos se unen los clamores de las autoridades civiles y el pueblo católico de la localidad en general llegándose a formar un comité de laicos que dedicará sus esfuerzos con este fin.

Respecto al día en que la ceremonia debe realizarse, se recomienda esta se efectúe dentro de alguna solemnidad o fiesta de la Santísima Virgen. En algunos casos se hacen el mismo día de la fiesta de la advocación que la imagen posee y va a ser coronada. A ello habría que añadir que no se debe realizar en las grandes solemnidades de Nuestro Señor, ni en días de carácter penitencial, ello comprende la cuaresma y Semana Santa.

Cabe señalar que el Ritual de la Coronación establece celebrar la Misa de Santa María Reina, o la que corresponda a dicha imagen que cuente con oficio propio; así mismo las vestimentas que ha de usar los celebrantes deberán ser de color blanco, festivos, a no ser que se prefiera otro por diversos motivos.

Para llevar a cabo la Coronación, Su Santidad el Papa, envía un Delegado Pontificio para la Coronación de la imagen desde Roma, aunque también suele delegar a los Nuncios Apostólicos y los Arzobispos u Obispos.

En cuanto a la corona, en su hechura, el material en que debe realizarse es en oro puro. Para su ejecución, la presea debe responder a factores culturales y gustos artísticos de la localidad, de modo que sea un símbolo adecuado con la ciudad homenajea a su Reina y Señora. Debe contener piedras preciosas, cuando se pueda, y debe ser lo más regia posible.

Respecto a la Coronación propiamente dicha, debe estar revestida de gran solemnidad, para ello en la Procesión de entrada, deberá figurar la Áurea corona, portada con la reverencia del caso, esta debe ubicarse en un lugar privilegiado dentro del altar, a la vez que apreciado por todo el público concurrente a dicha ceremonia.

La Misa Pontifical deberá seguir con normalidad hasta la homilía, en la cual deberán exaltar las glorias y reinado de María. Al concluir la homilía se realizará el rito de Coronación. Las coronas deberán ser presentadas por los padrinos, quienes llevarán la corona hasta la presencia del Obispo, que despojado de la Mitra, recitará la invocación correspondiente. Acto seguido se rociará el agua bendita sobre la presea y acompañado de un clérigo u otra persona, se dirigirá hasta la santa imagen e impondrá sobre las sienes de la imagen la Corona (si la imagen mariana porta a la imagen de Cristo, deberá imponérsele primero la corona a dicha imagen). Una vez impuesta la corona sobre la Reina y Señora, se canta un canto mariano o el Himno de la Coronación que ensalce la Realeza de María, culminando con la incensación que realiza el Obispo a la imagen coronada. Luego de ellos sigue la Misa como de costumbre.

Al finalizar la Santa Misa, se tributa un homenaje público para la sagrada imagen, sacando en procesión triunfal a la Reina Coronada, en reconocimiento general del privilegio que se ha concedido a esta efigie mariana.

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