Día 31 de diciembre

31 de diciembre

Conmemoración de san Silvestre I

San Silvestre I, papa, que piadosamente rigió la Iglesia durante muchos años, período en el cual el emperador Constantino Augusto construyó basílicas venerables, y en el Concilio de Nicea aclamó a Cristo como Hijo de Dios. En este día su cuerpo fue enterrado en Roma, en el cementerio de Priscila. (335) (Martirologio Romano).

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Patronos de Europa

Al principio de su pontificado, cuando se estaba desarrollando la segunda sesión del Concilio Vaticano II, el beato Pablo VI, con la Carta Apostólica Pacis nuntius, del 24 de octubre de 1964, proclamó a san Benito de Nursia patrón de Europa. Años más tarde, san Juan Pablo II, con la Carta Apostólica Egregiae virtutis, del 31 de diciembre de 1980, proclamó a los santos Cirilo y Metodio co-patronos de Europa. Y el mismo Pontífice, en las puertas del Gran Jubileo del año 2000, con la Carta Apostólica Spes aedificandi, del 1 de octubre de 1999, proclamó a santa Brígida de Suecia, santa Catalina de Siena y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) co-patronas del continente europeo.

Tres santos y tres santas de épocas distintas que con sus vidas dejaron huella en el Continente europeo. San Benito vivió durante la primera mitad del siglo V y considerado como el Patriarca de Occidente, supo aunar la romanidad con el Evangelio, el sentido de la universalidad y del derecho con el valor de Dios y de la persona humana (San Juan Pablo II). Su influencia ha sido decisiva, pues su Regla llegó a convertirse en la principal del monaquismo occidental, y el principio Ora et labora -reza y trabaja- contribuyó a que los monjes se dedicaran con ahínco a la copia de libros litúrgicos, de los escritos patrísticos y de las obras de los antiguos escritores clásicos, haciendo de los monasterios verdaderos centros de cultura durante la época de las invasiones bárbaras y en gran parte de la Edad Media. Además, es una regla válida aún hoy para el equilibrio de la persona y de la sociedad, amenazadas por el prevalecer del tener sobre el ser (San Juan Pablo II).

Los hermanos san Cirilo y san Metodio vivieron en el siglo IX. A ellos se debe la conversión al Cristianismo de los pueblos eslavos y magiares. Griegos de nacimiento, desarrollaron su tarea evangelizadora en directa relación con el Pontificado romano. Y como ha escrito san Juan Pablo II: El anuncio del Evangelio (…) por el cual trabajaron los hermanos apóstoles de los eslavos (…) sirvió de vía e instrumento de conocimiento mutuo y de unión entre los distintos pueblos de la Europa naciente, por lo cual constituyó un patrimonio común, espiritual y cultural, transmitido a la Europa actual.

En el acto europeísta celebrado en la catedral de Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982, san Juan Pablo II, en su discurso, dijo: Los santos Cirilo y Metodio supieron anticipar algunas conquistas, que han sido asumidas plenamente por la Iglesia en el Concilio Vaticano II, sobre la inculturación del mensaje evangélico en las respectivas civilizaciones, tomando la lengua, las costumbres y el espíritu de la estirpe con toda plenitud de su valor. Y esto lo realizaron en el siglo IX, con la aprobación y el apoyo de la Sede Apostólica, dando lugar así a aquella presencia del Cristianismo entre los pueblos eslavos, que permanece todavía hoy insuprimible a pesar de las actuales vicisitudes contingentes. En el momento de pronunciar estas palabras, los países eslavos aún estaban sometidos a la dictadura comunista, por lo que el Pontífice hablaba de actuales vicisitudes.

Santa Brígida y santa Catalina son del siglo XIV. Ambas trabajaron incansablemente por la Iglesia, preocupándose por su suerte a escala europea. La santa nórdica, consagrada a Dios después de haber vivido plenamente la vocación de esposa y madre, recorrió Europa de norte a sur, promoviendo sin descanso la unidad de los cristianos. La joven sienesa, humilde e intrépida terciaria dominica, llevó la paz a su Siena, a Italia y a la Europa de su tiempo. Dedicada por completo a la Iglesia, consiguió el retorno del Papa desde Aviñón a Roma.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz es símbolo del mayor drama de Europa en el siglo XX. Edith Stein, procedente de una familia judía, dejó la brillante carrera de estudiosa para hacerse monja carmelita. No sólo transcurrió su existencia en diversos países de Europa, sino que con toda su vida de pensadora, mística y mártir lanzó como un puente entre sus raíces judías y la adhesión a Cristo, moviéndose con segura intuición en el diálogo con el pensamiento filosófico contemporáneo y, en fin, proclamando con el martirio las razones de Dios y del hombre en la inmensa vergüenza de la “shoah”. Se ha convertido así en la expresión de una peregrinación humana, cultural y religiosa que encarna el núcleo profundo de la tragedia y de las esperanzas del continente europeo (San Juan Pablo II).

El ejemplo que nos han dejado estos seis santos patronos de Europa es una bendición divina. Acudamos a su patrocinio para que el Viejo Continente -iluminado por el Señor con su luz evangélica desde los orígenes de la predicación apostólica- descubra en este milenio que ahora comienza sus raíces, reviva los valores auténticos que hicieron gloriosa su historia y benéfica su presencia en los demás continentes; que sea todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo; y abra de nuevo las puertas a Cristo.

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