El diluvio

El diluvio

La Sagrada Escritura narra que sobre la tierra se propagó el mal. Tan impía y grande llegó a ser la corrupción de los hombres que Dios decidió exterminar al género humano. Para acabar con el hombre, Dios resolvió hacerlo por medio de un diluvio universal.

El proyecto divino al crear al hombre parece haber fracasado; de ahí esta decisión de Dios, expresada en términos tan humanos, de destruir su propia obra. Pero no va a suceder así: la humanidad se salvará por la fidelidad de un hombre, Noé; y la tierra volverá a repoblarse tras el diluvio.

Noé era un hombre justo e íntegro entre sus contemporáneos. El único justo que existía en la tierra. Y Dios quiso salvarle. Le mandó para ello construir un arca de madera de ciprés, diciéndole además: Yo voy a enviar el diluvio a la tierra para exterminar toda criatura viviente bajo el cielo; todo cuanto existe en la tierra perecerá (Gn 6, 17). Obedeció Noé; y en los cien años que empleó en hacer el arca, no dejó de exhortar a los hombres que se convirtieran de su mala conducta, pero fue en vano.

Cuando llegó el momento del diluvio, dijo Dios a Noé: Entra en el arca con toda tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado en tu generación. De cada animal puro toma siete parejas, macho y hembra; y lo mismo de los pájaros, siete parejas, macho y hembra, para que conserven la especie en la tierra. Dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie del suelo a todos los vivientes que he hecho (Gn 7, 1-4). Noé hizo todo lo que le mandó el Señor. Con Noé entraron en el arca su mujer, sus tres hijos y sus tres nueras.

Al cabo de siete días, como había dicho Dios, una lluvia torrencial empezó a caer del cielo. Cuarenta días duró el diluvio sobre la tierra. Las aguas fueron creciendo y levantaron el arca, de manera que se alzó por encima de la tierra. Las aguas arreciaron y aumentaron mucho sobre la tierra, pero el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Más y más crecieron las aguas sobre la tierra, de manera que todas las montañas quedaron cubiertas, incluso las más altas que hay bajo el cielo. Subieron las aguas quince codos por encima y quedaron cubiertas las montañas. Pereció todo ser que se mueve por la tierra: aves, ganados, fieras, todos los seres que llenaban la tierra y toda la humanidad. Todo lo que tenía algún modo de respiración, todo cuanto existía en la tierra firme, murió. Así el Señor exterminó todos los seres que había sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo: todo fue exterminado de la tierra; sólo quedaron Noé y los que estaban con él en el arca. Las aguas inundaron la tierra durante ciento cincuenta días (Gn 7, 17-24).

Después del diluvio, durante un tiempo Noé permaneció en el arca a pesar de que las aguas se habían retirado, pues estaba la tierra demasiado húmeda todavía para poder habitarla, y sólo doce meses después del principio del diluvio fue cuando Noé, obedeciendo a una nueva orden de Dios, salió del arca con su familia y todos los animales que había encerrado en ella.

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