Sansón

Sansón

Sansón es el último de los jueces de Israel que aparece en el libro los Jueces. De la vida de Sansón se conocen muchos episodios. En primer lugar, se anuncia a sus padres su nacimiento y también se dice que será nazareo, es decir, consagrado a Dios desde el seno materno. A continuación se presenta a Sansón y se cuentan varias de las hazañas realizadas gracias a su extraordinaria fuerza. Luego, seducido por una mujer filistea, manifestará el secreto de su fuerza y será apresado por los filisteos. Por último, una vez recuperada su fuerza prodigiosa, él mismo pierde la vida junto con muchos filisteos al derribar el edificio en el que estaban.

La primera de las hazañas de Sansón es la siguiente: Bajaba Sansón junto con su padre y su madre hacia Timná cuando al llegar a las viñas de Timná, salió a su encuentro un león joven rugiendo. Entonces el espíritu del Señor irrumpió en Sansón y lo despedazó como se despedaza un cabrito, sin tener nada en su mano (Jc 14, 5-6).

En otra ocasión, para vengarse de una afrenta que le habían hecho los filisteos, capturó trescientas zorras y tomó unas antorchas, las ató por parejas rabo con rabo y sujetó una antorcha entre ellos; prendió fuego a las antorchas y soltó las zorras por las mieses filisteas. Quemó gavillas y mieses e incluso viñas y olivos (Jc 15, 4-5). Furiosos los filisteos por aquel desastre, exigieron que se les entregase a Sansón maniatado; y aunque así se hizo, éste rompió las ligaduras cuando aquéllos iban a poner la mano sobre él; y agarrando una quijada de sano que había encontrado, atacó con ella a numerosos filisteos, a los que mató.

Una vez que estaba en Gaza, supo Sansón que los filisteos habían resuelto matarle a la mañana siguiente, cuando llegara la luz del día. Sansón durmió hasta la medianoche. Entonces se levantó, arrancó los portones de acceso a la ciudad con sus dos jambas junto con sus trancas, los puso sobre sus hombros y los subió a la cumbre del monte que hay frente a Hebrón (Jc 16, 3). Y así se libró de caer en manos de sus enemigos.

Después de estas hazañas, los israelitas eligieron por juez a Sansón, que los gobernó durante veinte años, haciéndose famoso por su fuerza extraordinaria.

Sansón no se conservó su fuerza durante toda su vida. Se enamoró de una mujer llamada Dalila. Los filisteos para librarse de Sansón ofrecieron dinero a Dalila para que averiguase de dónde le venía su gran fuerza. Repetidas veces Dalila dijo a Sansón: Dime, por favor, de dónde te viene tu gran fuerza y con qué habría que atarte para inmovilizarte (Jc 16, 6). Sansón siempre respondía sin decir la verdadera causa de su fuerza. Pero tal fue la insistencia de Dalila, que un día le dijo: Nunca ha pasado una navaja por mi cabeza puesto que soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si se me rapara, mi fuerza se apartaría de mí, me debilitaría y sería como todos los hombres (Jc 16, 17). Entonces Dalila lo contó a los filisteos. A continuación, ella hizo dormir a Sansón sobre sus rodillas, y llamó a un hombre para que le cortara los siete mechones de su cabeza. Al ser rapado, la fuerza se apartó de Sansón. Y así los filisteos se apoderaron fácilmente de él. Para saciar su venganza, los filisteos le sacaron a Sansón los dos ojos. Lo llevaron a Gaza y le pusieron a dar movimiento a la rueda de un molino. El cabello de su cabeza comenzó a salir de nuevo después de que se lo cortaran (Jc 16, 22).

Pero Sansón pudo vengarse de lo que le habían hecho los filisteos. Y lo hizo en la primera ocasión que se le presentó. Los príncipes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón y decían alegres: “Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansón nuestro adversario” (Jc 16, 23). Y decidieron sacarlo de la cárcel y llevarlo allí, para que actuase ante ellos, y así divertirse con él, como si fuera un juguete con el que se puede jugar. Sansón dijo al muchacho que lo llevaba de la mano: “Déjame que toque las columnas sobre las que se sostiene la casa para que me apoye en ellas” (Jc 16, 26). La casa estaba llena de hombres y mujeres. En total, unos tres mil filisteos estaban allí para contemplar la actuación de Sansón. Éste clamó al Señor y le dijo: Señor, Dios mío, acuérdate de mí, y concédeme en esta ocasión la fortaleza de antes, oh Dios, para que me vengue de una sola vez de los filisteos por mis dos ojos (Jc 16, 28). Y estando colocado entre las dos columnas centrales sobre la que se sostenía la casa, y, después de decir: ¡Muera yo con los filisteos! (Jc 16, 30), las empujó con tanta fuerza que se derrumbó la casa sobre toda la gente que había en ella. Los muertos que ocasionó al morir fueron muchos más de los que había matado en vida.

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