La fuerza del sacramento de la Confirmación

En 1964 se publicó un libro que reunía 350 testimonios de sacerdotes que contaban cómo habían llegado al sacerdocio. Uno, de cincuenta y seis años de edad y treinta de ministerio sacerdotal, escribió: El día de la confirmación, cuando yo tenía once o doce años, el obispo dijo en la homilía: “Quizás entre los niños aquí presentes haya algunos a quienes podré imponer las manos una segunda vez, para que sean sacerdotes”. Quedé tan afectado por esta frase del obispo, que fue para mí como la voz de Cristo. Aquellas palabras no me abandonaron. La tarde de aquel día en que recibí la Confirmación estaba en el campo, contemplando a las vacas, y aun hoy sería capaz de señalar el lugar donde escuché la frase que había oído por la mañana. Quedé prendido por la voz de Cristo. Y fue el mismo obispo quien me impuso las manos por segunda vez, para ordenarme sacerdote. Fue su última ordenación.

Ésta es la fuerza del sacramento de la Confirmación, que proviene de la Sangre de Cristo.

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